Ni siquiera sabes cómo empezar, ¿cierto? Te dices que quieres contarlo para que se te olvide, como cuando le contabas tus pesadillas a tu abuela y entonces olvidabas lo que habías soñado anoche. Pero sabes que de todos modos esa trágica escena no va a irse de tu mente en quizá algunos días, seguirás con el trauma. Sabes que es normal estar traumado por cosas así, pero temes que te vuelvas un ser humano paranoico.
La sangre era algo que lograbas aguantar por el hospital en el que trabajas. Eres una buena enfermera, sabes atender urgencias; desde un rodilla abierta hasta un hombro dislocado, ahora te dedicas a abrirles el vientre a las mujeres entusiasmadas y al mismo tiempo asustadas por la nueva vida que están pariendo.
Pero esta mañana la sangre fue tu enemiga por completo. La cara destrozada de aquella dama entre las vías del tren...
Pero cuéntamelo desde el inicio:
Bien, sí. Sí sé que habías salido de trabajar de la jornada nocturna y que por ello, en la mañana... ¿A qué hora? Ah, sí, a las nueve y media, ya te encontrabas bajando las escaleras hacia el metro.
Ajá, ibas maquilando los planes del día entero. Imaginabas las cosas que harías de comer para tu familia. Cómo tus hijos te ayudarían a poner la mesa para que todos pudieran alimentarse con tus platillos deliciosos. Cómo luego de eso y de lavarse los dientes, todos se sentarían en la tarde a pensar qué película verían en la noche, porque la cartelera del cine estaba muy interesante ese día. Sí, sí...
Todo eso lo imaginaste mientras pasabas los torniquetes, subías de nuevo escaleras y caminabas para el lado de las mujeres en el andén del metro... Perdón ¿Qué estación era?, ¿No lo recuerdas o no quieres recordarlo?... Já. Bueno, da igual. De todos modos la historia no cambiaría ahora que comencé a escribirla para que tu mente no te juegue bromas después. De acuerdo.
Entonces... Decidiste marcar a tu casa. Por suerte todavía tenía recepción el celular. Hablaste un rato con tu hijo y le comentaste tus planes. Él estuvo de acuerdo contigo y te comentó de la película que él quería ver en el cine. Te contó que trataba de asesinatos y cosas sin resolver, como los libros de detectives que les leías a todos cuando eran más chicos. Te alegraste un poco porque él recordó eso y tú sólo comentaste que tenían qué hablar de eso después de la comida. Él volvió a estar de acuerdo y después de una cálida despedida colgaron.
Pensabas sentarte en uno de esos lugares individuales dentro del vagón para poder ir calmada. El trabajo había estado pesado anoche; tres cesáreas y dos partos naturales. Qué friega, pensaste entonces. Dos gritos agresivos captaron tu atención: un hombre y su mujer discutían entre la muchedumbre, que por cierto, no era mucha. "Mucha muchedumbre", já.
Decidiste entonces ignorar los gritos, las ofensas, incluso había promesas entre líneas. Porque la histeria urbana te estaba volando el cerebro desde el primer momento en el que naciste ahí.
Te alejaste un poco para que el sonido de aquellos, pareja nerviosa, se disipara sólo un poco.
Seguías en tu mundo, cuando de repente viste a aquél gran monstruo anaranjado acercarse al andén. El metro llegaba al fin. La salvación a tus pies y cansancio había llegado. Suspiraste aliviada, por fin te sentarías hasta llegar la estación cercana a tu casa. Esperabas con ansias entrar y dirigirte, incesante, a tu habitación y recostarte unos cinco minutos.
Entonces, todo se tensó cuando la esposa gritó cual mujer horrorizada en una película thriller, cuando al tiempo que volteabas ya no veías más que gente asustada y el metro se había parado con tal enfrenón que los pasajeros también se mostraron curiosos. Más gritos de mujeres acompañaron el eco de la voz aterrorizada de aquella señora. Aquella dama que yacía deshecha entre las vías del tren.
No supiste qué hacer. Tu labor como enfermera lo olvidaste en esos minutos. Los minutos que te hicieron querer desaparecer de la faz de la tierra. Si fueras tan valiente como la señora también te habrías aventado a un segundo metro, quizá en otra estación, quizá en otra línea. Porque de nuevo el estrés te llenaba la cabeza y tus ojos salieron de sus órbitas por la presión que sentías.
Te enojaste mucho al saber que no pudiste salvar una vida, siendo que eras especialista en esas cosas. Al menos lograbas hacerlo dentro de un hospital. Al menos tenías manos que sanaban ahí, en tu trabajo. Pero ¿de qué servía eso si no pudiste evitar ese accidente?
1 jun 2012
29 may 2012
Seguir siendo
Te das cuenta que el mundo está equivocado cuando miras un programa de televisión en donde el villano todo lo toma como "el gran juego".
Te das cuenta que el mundo es aburrido cuando entiendes al villano. Cuando entiendes por qué dicho personaje decide jugar el juego y arriesgarlo todo, incluso su reputación. Incluso su vida.
Te das cuenta que incluso tu podrías hacer lo mismo. Que también te sientes aburrido, que lo harías si...
Si tuvieras las agallas suficientes de olvidarlo todo y poner todas las cartas sobre la mesa. Tu vida entera.
¿Qué haríamos entonces para no arriesgarnos tanto como los protagonistas? Al menos no físicamente.
Escribiríamos cuentos. "Pero, ¡bah! Son puras tonterías. Puras fantasías"
MORIRIA FELIZ, AL MENOS.
Te das cuenta que el mundo es aburrido cuando entiendes al villano. Cuando entiendes por qué dicho personaje decide jugar el juego y arriesgarlo todo, incluso su reputación. Incluso su vida.
Te das cuenta que incluso tu podrías hacer lo mismo. Que también te sientes aburrido, que lo harías si...
Si tuvieras las agallas suficientes de olvidarlo todo y poner todas las cartas sobre la mesa. Tu vida entera.
¿Qué haríamos entonces para no arriesgarnos tanto como los protagonistas? Al menos no físicamente.
Escribiríamos cuentos. "Pero, ¡bah! Son puras tonterías. Puras fantasías"
MORIRIA FELIZ, AL MENOS.
Somos los pies que caminan.
Somos humanos y usamos los pies para andar.
Lamentablemente hay gente que no se da cuenta de lo importantes que son... Hasta que los pierden. Son parte de nuestro equilibrio, la base de nuestro ser.
Pueden ser de cualquier color, lo importante es que sepan trabajar, que amen hacerlo, que disfruten las diferentes texturas de los suelos en el mundo. No podemos dejarlos todo el tiempo guardados en los zapatos que usamos, es como comer con guantes todo el tiempo.
Lamentablemente hay gente que no se da cuenta de lo importantes que son... Hasta que los pierden. Son parte de nuestro equilibrio, la base de nuestro ser.
Pueden ser de cualquier color, lo importante es que sepan trabajar, que amen hacerlo, que disfruten las diferentes texturas de los suelos en el mundo. No podemos dejarlos todo el tiempo guardados en los zapatos que usamos, es como comer con guantes todo el tiempo.
Cielo Urbano
Ni siquiera entiendo la razón. Sólo lo hago. Pierdo la cabeza y subo a la azotea a mirar quién sabe qué. A admirar lo que muchos no notan nunca. Admiro el cielo urbano por ustedes.
27 may 2012
La aventura
¿Qué pasa cuando la vela ya se ha calcinado completamente? Cuando el violinista termina la sonata completa, cuando el cazador ya encontró al asesino, cuando éste ya logró asesinar a centnenares de personas, cuando todo logró su cometido.
Cuando terminaste el examen antes de que dieran las doce, cuando Cenicienta logró casarse con el príncipe... Cuando te das cuenta que el matrimonio no siempre es un final feliz. Cuando termina la pelea en el divorcio y los bienes compartidos logran ser bien repartidos.
¿Qué pasa después? Después. Cuando terminas de leer la novela completa, cuando el detective encontró el acertijo, cuando el policía mal pagado asesinó al ladrón. Cuando ella encontró el vestido favorito, cuando él encontró a la víctima perfecta para sus colmillos, cuando el ángel decide ya no perseguir a su amor prohibido; una humana, cuando dicha humana decide suicidarse.
¿Qué haces después de la aventura? Cuando llega el final. El final de esa aventura. La aventura emocionante, la aventura que inició como algo imposible, que después se tornó solo difícil, que siguió con sentimientos encontrados y que incluso te ayudó a ser un mejor humano. ¿Qué pasa después del final de la aventura de tu vida o la aventura de la vida de alguien más? Con los acontecimientos inexplicables pero añorables, los sucesos por los que jamás imaginaste que pasarías.
Cuando la última página del libro termina con una frase que esperabas leer desde el principio pero por la que tuviste que esperar quizá días, o semanas, o simples horas.
¿Qué haces después? Después de que termina todo eso tan excitante y te das cuenta que sientes que ya no hay razón por la cual vivir, o creer en hadas o en detectives londinenses.
¿Qué?
Cuando terminaste el examen antes de que dieran las doce, cuando Cenicienta logró casarse con el príncipe... Cuando te das cuenta que el matrimonio no siempre es un final feliz. Cuando termina la pelea en el divorcio y los bienes compartidos logran ser bien repartidos.
¿Qué pasa después? Después. Cuando terminas de leer la novela completa, cuando el detective encontró el acertijo, cuando el policía mal pagado asesinó al ladrón. Cuando ella encontró el vestido favorito, cuando él encontró a la víctima perfecta para sus colmillos, cuando el ángel decide ya no perseguir a su amor prohibido; una humana, cuando dicha humana decide suicidarse.
¿Qué haces después de la aventura? Cuando llega el final. El final de esa aventura. La aventura emocionante, la aventura que inició como algo imposible, que después se tornó solo difícil, que siguió con sentimientos encontrados y que incluso te ayudó a ser un mejor humano. ¿Qué pasa después del final de la aventura de tu vida o la aventura de la vida de alguien más? Con los acontecimientos inexplicables pero añorables, los sucesos por los que jamás imaginaste que pasarías.
Cuando la última página del libro termina con una frase que esperabas leer desde el principio pero por la que tuviste que esperar quizá días, o semanas, o simples horas.
¿Qué haces después? Después de que termina todo eso tan excitante y te das cuenta que sientes que ya no hay razón por la cual vivir, o creer en hadas o en detectives londinenses.
¿Qué?
21 may 2012
Salvación divina
Rézale a Dios, me dijo la nana juntando sus manitas cansadas y sus ojos preocupados. Sólo asentí con la cabeza intentando entender aquellas palabras. "Rézale a Dios" ¿Qué clase de petición era esa? ¿De qué me servía rezar si todavía no era domingo?
Realmente no comprendí, así que me limité a juntar mis manos igual que ella y miré al techo, imitándola.
Mi habitación tenía las luces apagadas, incluso la cortina estaba cerrada para que no entraran los brillos de la luna y las estrellas. Estábamos entre penumbras, menos mal que yo ya era una niña grande y podría cuidar a la nana de cualquier cosa que saliera de las sombras.
Voces lejanas se escuchaban a través de la puerta de mi habitación, donde aún yo seguía pretendiendo que"rezaba". La nana cerró sus ojos y empezó a mover los labios sin emitir sonido. Su respiración se aceleró y luego volvió a la vida real. Abrió sus párpados y me abrazó muy fuerte, como si se estuviera despidiendo.
-¿Qué pasa, mamá?-le pregunté. "Mamá" era un título que yo había adoptado para ella, ya que se portaba conmigo como tal... desde que llegó.
-Nada, corazón-contestó ella viéndome detenidamente, como si quisiera recordar cada parte de mi rostro. Sí, se estaba despidiendo. Pero yo no lograba entender por qué.
-Sí pasa algo,-insistí- y quiero saberlo, quiero que me lo digas, mamá.
-Tendremos que separarnos-suspiró. Esperó eternos segundos y tomó aire de nuevo. Sus ojos viejos se apagaron de repente, y los pocos vellos que poseía como cejas se volvieron dos líneas diagonales sobre cada ojo, mostrando tristeza y desespero. Con sus rígidas y rasposas manos (por el trabajo) tomó las mías, las pequeñas, ella temblaba. ¿De qué, era miedo acaso, o era el frío de la casa?
Las voces de afuera se volvieron más fuertes, alguien sollozaba. ¿Mi verdadera madre lloraba? ¿Por qué?
-Nana... -suspiré-¿Qué le pasa a mamá Julieta?
-No sé, hija.-su voz... Comenzaba a preocuparse de verdad.
-¿Qué pasa? ¿Los piratas se dieron cuenta que he encontrado su mapa del tesoro y vienen por él?
Mamá se calmó y me sonrió.
-No creo que ellos sepan eso aún. Tu eres muy inteligente y ellos muy tontos. No saben buscar cosas y encontrarlas como tú-la nana me cargó en sus brazos. Me recargué sobre su pecho y noté que su corazón seguía acelerado, corría como los caballos de Napoleón. Me sorprendí que no se le saliera de las costillas. De todos modos, nadie más que yo lo hubiera notado, alguien ahí afuera está haciendo aspavientos y nosotras jugamos a escondernos.
Comenzó a arrullarme y tarareó una de tantas canciones de cuna que aprendimos con las sirvientas africanas. Se movía con el ritmo de la melodía que ella misma sostenía entre sus labios gruesos y yo comencé a dormirme mientras ella seguía moviéndose y acariciaba mi cabello con la otra mano.
Todo era paz aquí adentro, en mi habitación, con mi nana la cantante. Allí afuera todos estaban enojados y discutían, podría jurar que escuché algunos espadazos y sillas rompiéndose. ¿Pero qué importaba? Yo podría dormir sin ningún problema.
Ya estaba a punto de caer a los brazos de Morfeo cuando de repente una de las sirvientas abrió brutalmente la puerta gritando que debíamos salir de ahí, especialmente yo. ¿Yo, por qué?, pregunté, pero nadie respondió. Entonces todo sucedió muy rápido. Ni siquiera sé cómo es que caí de los brazos de la nana y me quedé ahí tirada en el suelo, luego mi padre y otro hombre se peleaban encima de mí, cuando yo me cubría los oídos... Sabía que decían malas palabras.
Todos salieron de ahí; las sirvientas y la nana, menos mamá Julieta.
-¡Malorie! ¿Malorie, dónde estás?-gritaba ella fuera de la pelea entre aquellos dos hombres furiosos.
-¡Tengo que llevármela, es mía!-gritó el extraño.
-No lo voy a permitir-juró mi padre.
Un padre furioso es algo que ninguno de nosotros quiere ver.
Fijé la vista en el otro hombre... No era ningún extraño, era uno de mis amigos, el jardinero. El jardinero quería llevarme... ¿a dónde?
-Malorie, no escuches a este hombre-exigió mi padre, quien ya estaba sobre él en el suelo a mi lado. Papá comenzó a azotarle la cabeza sobre el azulejo de la habitación hasta que las gotas rojas salieron de ahí. Muchas cayeron sobre los rostros de ambos, otras en mi piyama. Yo no tenía miedo. Mamá gritaba epantada como si algo muy horrible pasara... Y es que esa noche papá se había convertido en el asesino.
"Todos están locos" pensé entonces. Así que me levanté aún con la ropa manchada y salí de la habitación sin previo aviso. Crucé los pasillos largos de la mansión, pasé por las habitaciones de cada empleado, por la de mis padres, por la de bebé de la casa y bajé las escaleras aún con la ropa sucia. Algo me dolía. Era el estómago. Pero no me detuve, seguí andando, tenía que verlo antes de irme.
Corrí fuera de la casa y me dirigí a la avenida principal. Descalza y en piyama llegué como pude a la capilla del pueblo.
El sacerdote me esperaba aún sentado en una de las bancas de madera. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza. Logré explicarle lo sucedido. Él me miró extrañado. No sé por qué pero el estómego seguía doliéndome, él quitó algo filoso de mis entrañas y me cargó. Gritaba al Señor que "No", lo último que hice fue besarlo, sus ojos claros me miraron sorprendido y me susurró al oído que siempre me amaría en secreto, como lo hizo desde el inicio... Eso fué lo último que escuché antes de que tdo se volviera negro.
Realmente no comprendí, así que me limité a juntar mis manos igual que ella y miré al techo, imitándola.
Mi habitación tenía las luces apagadas, incluso la cortina estaba cerrada para que no entraran los brillos de la luna y las estrellas. Estábamos entre penumbras, menos mal que yo ya era una niña grande y podría cuidar a la nana de cualquier cosa que saliera de las sombras.
Voces lejanas se escuchaban a través de la puerta de mi habitación, donde aún yo seguía pretendiendo que"rezaba". La nana cerró sus ojos y empezó a mover los labios sin emitir sonido. Su respiración se aceleró y luego volvió a la vida real. Abrió sus párpados y me abrazó muy fuerte, como si se estuviera despidiendo.
-¿Qué pasa, mamá?-le pregunté. "Mamá" era un título que yo había adoptado para ella, ya que se portaba conmigo como tal... desde que llegó.
-Nada, corazón-contestó ella viéndome detenidamente, como si quisiera recordar cada parte de mi rostro. Sí, se estaba despidiendo. Pero yo no lograba entender por qué.
-Sí pasa algo,-insistí- y quiero saberlo, quiero que me lo digas, mamá.
-Tendremos que separarnos-suspiró. Esperó eternos segundos y tomó aire de nuevo. Sus ojos viejos se apagaron de repente, y los pocos vellos que poseía como cejas se volvieron dos líneas diagonales sobre cada ojo, mostrando tristeza y desespero. Con sus rígidas y rasposas manos (por el trabajo) tomó las mías, las pequeñas, ella temblaba. ¿De qué, era miedo acaso, o era el frío de la casa?
Las voces de afuera se volvieron más fuertes, alguien sollozaba. ¿Mi verdadera madre lloraba? ¿Por qué?
-Nana... -suspiré-¿Qué le pasa a mamá Julieta?
-No sé, hija.-su voz... Comenzaba a preocuparse de verdad.
-¿Qué pasa? ¿Los piratas se dieron cuenta que he encontrado su mapa del tesoro y vienen por él?
Mamá se calmó y me sonrió.
-No creo que ellos sepan eso aún. Tu eres muy inteligente y ellos muy tontos. No saben buscar cosas y encontrarlas como tú-la nana me cargó en sus brazos. Me recargué sobre su pecho y noté que su corazón seguía acelerado, corría como los caballos de Napoleón. Me sorprendí que no se le saliera de las costillas. De todos modos, nadie más que yo lo hubiera notado, alguien ahí afuera está haciendo aspavientos y nosotras jugamos a escondernos.
Comenzó a arrullarme y tarareó una de tantas canciones de cuna que aprendimos con las sirvientas africanas. Se movía con el ritmo de la melodía que ella misma sostenía entre sus labios gruesos y yo comencé a dormirme mientras ella seguía moviéndose y acariciaba mi cabello con la otra mano.
Todo era paz aquí adentro, en mi habitación, con mi nana la cantante. Allí afuera todos estaban enojados y discutían, podría jurar que escuché algunos espadazos y sillas rompiéndose. ¿Pero qué importaba? Yo podría dormir sin ningún problema.
Ya estaba a punto de caer a los brazos de Morfeo cuando de repente una de las sirvientas abrió brutalmente la puerta gritando que debíamos salir de ahí, especialmente yo. ¿Yo, por qué?, pregunté, pero nadie respondió. Entonces todo sucedió muy rápido. Ni siquiera sé cómo es que caí de los brazos de la nana y me quedé ahí tirada en el suelo, luego mi padre y otro hombre se peleaban encima de mí, cuando yo me cubría los oídos... Sabía que decían malas palabras.
Todos salieron de ahí; las sirvientas y la nana, menos mamá Julieta.
-¡Malorie! ¿Malorie, dónde estás?-gritaba ella fuera de la pelea entre aquellos dos hombres furiosos.
-¡Tengo que llevármela, es mía!-gritó el extraño.
-No lo voy a permitir-juró mi padre.
Un padre furioso es algo que ninguno de nosotros quiere ver.
Fijé la vista en el otro hombre... No era ningún extraño, era uno de mis amigos, el jardinero. El jardinero quería llevarme... ¿a dónde?
-Malorie, no escuches a este hombre-exigió mi padre, quien ya estaba sobre él en el suelo a mi lado. Papá comenzó a azotarle la cabeza sobre el azulejo de la habitación hasta que las gotas rojas salieron de ahí. Muchas cayeron sobre los rostros de ambos, otras en mi piyama. Yo no tenía miedo. Mamá gritaba epantada como si algo muy horrible pasara... Y es que esa noche papá se había convertido en el asesino.
"Todos están locos" pensé entonces. Así que me levanté aún con la ropa manchada y salí de la habitación sin previo aviso. Crucé los pasillos largos de la mansión, pasé por las habitaciones de cada empleado, por la de mis padres, por la de bebé de la casa y bajé las escaleras aún con la ropa sucia. Algo me dolía. Era el estómago. Pero no me detuve, seguí andando, tenía que verlo antes de irme.
Corrí fuera de la casa y me dirigí a la avenida principal. Descalza y en piyama llegué como pude a la capilla del pueblo.
El sacerdote me esperaba aún sentado en una de las bancas de madera. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza. Logré explicarle lo sucedido. Él me miró extrañado. No sé por qué pero el estómego seguía doliéndome, él quitó algo filoso de mis entrañas y me cargó. Gritaba al Señor que "No", lo último que hice fue besarlo, sus ojos claros me miraron sorprendido y me susurró al oído que siempre me amaría en secreto, como lo hizo desde el inicio... Eso fué lo último que escuché antes de que tdo se volviera negro.
20 may 2012
"Crees saber lo que es, pero no tienes la menor idea..."
Y ninguno de ustedes se da cuenta de lo que los seres vivos, en la Tierra poseemos.
Y ninguno de ustedes sabe apreciarlo, mucho menos cuidarlo. Tenemos diamantes para el ojo, pero no es justo tenerlos entre las manos, escondidos.
¿Qué es lo que dice ahí?
¿Que tengo esquizofrenia?
Preguntó el hombre aturdido. "No, no dice eso."dijo una voz "Sí, eso dice, lo escribió el que se hizo llamar tu amigo." Aseguró una segunda voz. "No, no dice eso" repitió la primera. "Sí, sí lo dice. ¿Vas a seguir confiando en él?" Preguntó la segunda voz en su cabeza.
El segundo hombre en la habitación se quedó pasmado después de recibir el fuerte golpe en la cabeza. Su amigo, quien antes era un virtuoso del violín y ahora se dedicaba a confundirse por las cientos de voces que paseaban por su cabeza, lo había asesinado.
Preguntó el hombre aturdido. "No, no dice eso."dijo una voz "Sí, eso dice, lo escribió el que se hizo llamar tu amigo." Aseguró una segunda voz. "No, no dice eso" repitió la primera. "Sí, sí lo dice. ¿Vas a seguir confiando en él?" Preguntó la segunda voz en su cabeza.
El segundo hombre en la habitación se quedó pasmado después de recibir el fuerte golpe en la cabeza. Su amigo, quien antes era un virtuoso del violín y ahora se dedicaba a confundirse por las cientos de voces que paseaban por su cabeza, lo había asesinado.
DIARIO
Dejé de ir a la escuela, y como supuse, dejé de escribir ese diario. El diario que nunca hice de niña y el diario que tuve que iniciar por una simple calificación en la escuela.
Siempre escuché que con el tiempo te encariñabas de las cosas... o las personas. Mi diario personal se volvió eso; casi una persona. Porque contenía escritos míos, pensamientos míos, ideas, sueños, garabatos, incluso lluvias de ideas mías, también mis canciones favoritas estaban ahí. Se volvió casi una persona porque era una persona quien lo escribía. Yo. Quien lo escribió durante escasos cuatro meses, o menos.
Al inicio de estas largas vacaciones, no lograba entender por qué comenzaba a sentir un enorme vacío. Quizá porque extrañaba la presión de las tareas o los examenes, me dije la primera vez. Quizá porque extraño a esas mujercitas que tanto aprecio, pensé luego. Quizá es algo que siempre sentí y que acabo de notar, quise mentirme por enésima vez.
Hasta esta noche....
Esta noche en la que reviso mis cuadernos y mochila olvidados.- Digo, no ha pasado mucho tiempo desde que dejé de ir a la escuela por las vacaciones de verano, pero siento honesta se me han hecho años, décadas o algo así estas últimas tres semanas sin ir. - Entre cuadernos con pastas forradas y espirales de metal, encuentro un cuadernillo engargolado; hecho con hojas recicladas, con imágenes de mis cosas favoritas pegadas en la portada... encuentro mi diario. Lo leo. Encuentro entonces mis palabras y pensamientos y todo lo mencionado anterior. Y me doy cuenta, entonces que mi mente pasó por una metamorfósis diferente a otras, comparando a mis propias metamorfosis mentales anteriores, claro.
De ideas tristes, llenas de pavor y pánico, vacías de sentimientos reconfortantes y acciones sociales... A ideas contrarias, contrastantes, con colores diferentes y sonrisas, abrazos y todas esas cosas que, sinceramente, no logro escribir.
No sé si esto sea raro. No estoy loca, de eso estoy segura. Pero la verdad es que no suelo ser... Así, como mucha gente: no reconforto a la gente que aprecio, no abrazo a la gente que quiero, no les digo eso; que los quiero. No hago esa clase de cosas y ni siquiera sé cuándo empezó a sucederme eso, eso de no ser sociable, de no sonreír o de no gritar o de ser seria la mayor parte del tiempo.
Pero juro a Odín que no... No me arrepiento.
Siempre escuché que con el tiempo te encariñabas de las cosas... o las personas. Mi diario personal se volvió eso; casi una persona. Porque contenía escritos míos, pensamientos míos, ideas, sueños, garabatos, incluso lluvias de ideas mías, también mis canciones favoritas estaban ahí. Se volvió casi una persona porque era una persona quien lo escribía. Yo. Quien lo escribió durante escasos cuatro meses, o menos.
Al inicio de estas largas vacaciones, no lograba entender por qué comenzaba a sentir un enorme vacío. Quizá porque extrañaba la presión de las tareas o los examenes, me dije la primera vez. Quizá porque extraño a esas mujercitas que tanto aprecio, pensé luego. Quizá es algo que siempre sentí y que acabo de notar, quise mentirme por enésima vez.
Hasta esta noche....
Esta noche en la que reviso mis cuadernos y mochila olvidados.- Digo, no ha pasado mucho tiempo desde que dejé de ir a la escuela por las vacaciones de verano, pero siento honesta se me han hecho años, décadas o algo así estas últimas tres semanas sin ir. - Entre cuadernos con pastas forradas y espirales de metal, encuentro un cuadernillo engargolado; hecho con hojas recicladas, con imágenes de mis cosas favoritas pegadas en la portada... encuentro mi diario. Lo leo. Encuentro entonces mis palabras y pensamientos y todo lo mencionado anterior. Y me doy cuenta, entonces que mi mente pasó por una metamorfósis diferente a otras, comparando a mis propias metamorfosis mentales anteriores, claro.
De ideas tristes, llenas de pavor y pánico, vacías de sentimientos reconfortantes y acciones sociales... A ideas contrarias, contrastantes, con colores diferentes y sonrisas, abrazos y todas esas cosas que, sinceramente, no logro escribir.
No sé si esto sea raro. No estoy loca, de eso estoy segura. Pero la verdad es que no suelo ser... Así, como mucha gente: no reconforto a la gente que aprecio, no abrazo a la gente que quiero, no les digo eso; que los quiero. No hago esa clase de cosas y ni siquiera sé cuándo empezó a sucederme eso, eso de no ser sociable, de no sonreír o de no gritar o de ser seria la mayor parte del tiempo.
Pero juro a Odín que no... No me arrepiento.
9 may 2012
La verdad sobre la que dijo que no sentía nada
Las diez de la noche en punto e inicio escribiendo esto. No sé cuánto me tardaré. Porque las imágenes en mi cabeza y el ruido de afuera no me dejan pensar bien lo que realmente siento... Porque sí, siento algo.
La verdad ni siquiera sé por qué lo hago. Digo, esta no es una terapia. Quizá algún día me arrepienta de hacerlo pero ¿qué?
Escribir en este lugar era algo que había dejado de hacer porque, siendo honesta, me había dejado de sentir sola. Incluso Cafel había desaparecido de la faz de mi imaginación. Ya no necesitaba pensar que alguien cuidaba mis pesadillas, porque ya no había pesadillas qué cuidar, ni pensamientos egoístas que borrar... El trabajo de Cafel se fue esfumando a medida que yo pasaba más tiempo en la preparatoria.
Hacía mucho que había perdido la confianza en el ser humano... En cualquier persona, incluso en mí misma. Pero, demonios, tuve que llegar a la preparatoria y me encontré con gente increíble. Gente que devolvió las sonrisas y las carcajadas a mi estilo de vida, personas que cambiaron -en demasía- ese estilo de vida. Antes me la pasaba casi todo el día en casa, como un ermitaño, en frente de esta pantalla escribiendo cualquier historia que se viniera a mi cabeza... Pero a partir de conocerlas a ellas, mis personas favoritas, dejé de quedarme en casa y aprendí a disfrutar mi ciudad y a andar mejor en ella. Quiero decir; no era una estúpida en la calle, pero la verdad me oriento mucho más que antes.
Diez meses, aproximadamente, y ya me había encariñado con todas ellas. TODAS. Ya había escrito el inicio de una historia a una de ellas por su cumpleaños el 11 de noviembre. Ya había compartido escritos con varias de ellas, incluso aprendí a socializar mejor. Quizá no soy la más sociable entre ellas (nosotras) pero al menos mejoró mi humor y la manera de hablarle a la gente. Después de año nuevo ya podía incluso dar mi punto de vista sobre varios temas que nos importaban, también razonar y reflexionar con otras... Todas eran increíbles, lo son. Lo sé.
El nudo en la garganta... Lo dejo que se atore ahí para que no me traiga pensamientos tristes sobre mi partida. Porque sí, tengo que irme. Y quizá sea por eso que vuelvo a escribir como loca entre la oscuridad de mi habitación, quizá me siento sola de nuevo. No recordaba realmente cómo era eso.
Sentirse solo es algo que no le deseo a nadie nunca.
Recuerdo que antes del 8 de agosto del año pasado pensaba que toda mi vida estaría rodeada de seres inútiles que no movían una parte del cerebro para nada. Recuerdo que pensaba que en muchos lugares yo era la que sabía más.
Pero qué equivocada estaba. ¡Claro que no! Eso no podía ser, porque allá afuera había personas como yo, quizá mejores. Y entre ellas estaban; mi única hipster, mi beatlemana, mi chica intensa, mi freaky favorita, mi hermana "killjoys", mi "madre" y mi hobbo shipper. ¿Qué más podía yo pedir?
La verdad ni siquiera sé por qué lo hago. Digo, esta no es una terapia. Quizá algún día me arrepienta de hacerlo pero ¿qué?
Escribir en este lugar era algo que había dejado de hacer porque, siendo honesta, me había dejado de sentir sola. Incluso Cafel había desaparecido de la faz de mi imaginación. Ya no necesitaba pensar que alguien cuidaba mis pesadillas, porque ya no había pesadillas qué cuidar, ni pensamientos egoístas que borrar... El trabajo de Cafel se fue esfumando a medida que yo pasaba más tiempo en la preparatoria.
Hacía mucho que había perdido la confianza en el ser humano... En cualquier persona, incluso en mí misma. Pero, demonios, tuve que llegar a la preparatoria y me encontré con gente increíble. Gente que devolvió las sonrisas y las carcajadas a mi estilo de vida, personas que cambiaron -en demasía- ese estilo de vida. Antes me la pasaba casi todo el día en casa, como un ermitaño, en frente de esta pantalla escribiendo cualquier historia que se viniera a mi cabeza... Pero a partir de conocerlas a ellas, mis personas favoritas, dejé de quedarme en casa y aprendí a disfrutar mi ciudad y a andar mejor en ella. Quiero decir; no era una estúpida en la calle, pero la verdad me oriento mucho más que antes.
Diez meses, aproximadamente, y ya me había encariñado con todas ellas. TODAS. Ya había escrito el inicio de una historia a una de ellas por su cumpleaños el 11 de noviembre. Ya había compartido escritos con varias de ellas, incluso aprendí a socializar mejor. Quizá no soy la más sociable entre ellas (nosotras) pero al menos mejoró mi humor y la manera de hablarle a la gente. Después de año nuevo ya podía incluso dar mi punto de vista sobre varios temas que nos importaban, también razonar y reflexionar con otras... Todas eran increíbles, lo son. Lo sé.
El nudo en la garganta... Lo dejo que se atore ahí para que no me traiga pensamientos tristes sobre mi partida. Porque sí, tengo que irme. Y quizá sea por eso que vuelvo a escribir como loca entre la oscuridad de mi habitación, quizá me siento sola de nuevo. No recordaba realmente cómo era eso.
Sentirse solo es algo que no le deseo a nadie nunca.
Recuerdo que antes del 8 de agosto del año pasado pensaba que toda mi vida estaría rodeada de seres inútiles que no movían una parte del cerebro para nada. Recuerdo que pensaba que en muchos lugares yo era la que sabía más.
Pero qué equivocada estaba. ¡Claro que no! Eso no podía ser, porque allá afuera había personas como yo, quizá mejores. Y entre ellas estaban; mi única hipster, mi beatlemana, mi chica intensa, mi freaky favorita, mi hermana "killjoys", mi "madre" y mi hobbo shipper. ¿Qué más podía yo pedir?
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