16 nov 2013

Esa Pregunta

Pasó hace un mes más o menos, pero aún puedo recordarlo. Se siente aún aquí adentro. Quema poquito.

 Sin importar las circunstancias que me habían hecho quedarme esa vez en la escuela hasta las nueve, la pregunta llegó. "La Pregunta." Le di nombre propio. Quizá se dio nombre propio ella misma.


  Platicaba con un adulto-joven de veintitrés sobre lo difícil que es la vida cuando estás lejos de casa. Cuando dejas tus raíces. No habíamos llegado a nada interesante hasta que él formuló La Pregunta.


 ¿Extrañas México?


 De no haberse accionado mi "mecanismo de defensa", habría llorado como Magdalena frente a mi profesor. No sé que habría pasado después de eso. Pero no sucedió. Suspiré hondo sin pensar y eché una risa lastimera. Fue casi un bufido. El sarcasmo de mi complejo interior. Sé que al mismo tiempo me puse roja; no era de vergüenza, pero sí de impotencia y algo más... algo abismal. Volví a respirar. Fue rápido; tres reacciones en una. Entonces sólo respondí, "Mucho."


Mucho era poco.


 El adulto-joven me miró con tristeza y luego volvió al proyecto en su computadora. Yo volví a recortar corazones de papel rojo para la decoración. Pasaron unos segundos y entonces quiso saber qué era lo que extrañaba.

 Algo me inspiró seguridad, confianza y entonces pude hablar. Por primera vez en mucho tiempo pude hablarle a alguien de eso. De eso que a veces me dolía y que me daba cosquillas al mismo tiempo. Lo que no recuerdo es que tanto le dije, pero supongo que haberle contado sobre ellas fue más que suficiente. Supongo que la simple "risa lastimera" le había dicho todo. Digo, el hombre había estudiado Psicología Avanzada en la universidad, era obvio que mi reacción instantáneo-reflectiva le había dicho más que "mucho". A veces cuando recuerdo aquello puedo verlo viajar por mi mente, abriéndose paso entre muchos de mis recuerdos irrelevantes para encontrar la razón de mi "mucho".


 Entonces empezamos a hablar del tiempo.


 A veces he querido que todo se quede quieto. Que la gente me espere. Que no cambien. Quiero que se queden como estatuas, que sus mentes se inmuten mientras regreso. A veces no quiero cambios de ningún tipo. A veces quisiera que el tiempo allá no existiera, que algo las detuviera de crecer. A veces quisiera volverles a ver. A veces he querido regresar de inmediato. Han habido momentos en los que me encuentro en el salón de clases en un día común, resolviendo un problema de matemáticas y de repente me entra esa extraña urgencia de saltar de la ventana y salir de la escuela para tomar cualquier autobús y hacer que dicho vehículo me lleve de regreso. Obligar al mundo entero a que me ayude a regresar.


 Pero no se puede. Porque el mundo es aliado del tiempo y ambos están contra mí.

9 nov 2013

¿Retrocediendo o avanzando?

(Fragmento de un diario que comencé el verano pasado.)

He pensado en buscar un curso de arte, o de dibujo, o algo así, o pasar el tiempo escribiendo cuentos para niños. Es que ayer me puse a pensar en la posibilidad de ser mamá. No ahorita, claro que no. Pero pensé en cómo sería yo si tuviera hijos, quizá a los veintinueve. Tal vez uno. Tal vez dos. Es muy raro.

  Pensé en mi papá y en mi mamá. Pensé en que papá quería volverse cantante y guitarrista; que mi papá jamás quiso ser famoso, que sólo lo hacía porque le gustaba. Y no lo es, no es famoso ni poquito, sólo entre nosotros y sus hermanos, quienes también cantan. Pensé en cómo se la pasaba cantándonos canciones de cuna o sus baladas viejitas cuando éramos pequeñas. Entonces quise escribir cuentos para niños para enseñarles a mis hijos de pequeños que podía ser la escritora de la familia y que podía ser famosa sólo entre nosotros. Y que a veces uno no necesita ser famoso para hacer arte. Porque eso es lo que he aprendido. Pero la verdad, no se me ha ocurrido nada.

  Sólo escribo cosas imaginarias que les suceden a jóvenes de mi edad. Por ejemplo: hace poco escribí una historia de una chica de diecisiete que está loca y ve un fantasma en su habitación, el fantasma la cuida. Hace unas semanas escribí la historia de un niño que se muere y se despide de su mamá; pensé en que tal vez ésta última podía modificarla un poco, no sé. Antes de eso, escribí la historia de una chica que se moría en su cumpleaños número dieciséis al intentar volar con unas alas artificiales. Y antes escribí la historia de una chica que tiene un amigo imaginario. Pero nada relativo a una infancia con aventuras.

   Quizá deba recordar cómo me sentía cuando tenía cinco o algo así. Entonces decidí dejar eso por la paz y pensé que quizá cuando comience a estudiar Psicología, podía especializarme en niños y así aprender de ellos. Los niños nunca fueron “mi especialidad” pero supongo que si quiero darles esa infancia bonita a mis hijos, tengo que hacerlo. Quiero saber explicarles todo, pero de la manera correcta, o al menos de la manera menos equivocada posible. No sé.

Invierno de 2012



I never thought I’d be so glad to see the sunlight.

The past five hours I took myself out of the bed and led my body to the darkness. I spent the time there, trembling along with the nightmares of my mind.

 Spooky, evil, bad thoughts; ideas about the life I wish I had; the sorrow filling my eyes.

 I couldn’t sleep at all.

 I did not sleep until I saw the astonishing-bright sun coming out. It was then when I found my relief because, at least, a brand new day was coming. Sadness disappeared in the air and left me there, staring at the window.

atrás

me duele la espalda y no sé si es porque me he agachado
me duele la espalda y no sé si es porque he tenido que agacharme muchas veces para levantar los pedazos del suelo

me duele la espalda
y no sé si es porque me he puesto a cargar al perro cuando se inunda la casa

me duele la espalda
pero a veces pienso que es sólo un disfraz que me pongo físicamente para olvidar la boca del hoyo que me arde adentro

me duele la espalda como si el mismísimo diablo me estuviera enterrando la daga, pero quizá sea sólo que estoy cansada