15 abr 2015

Oda a lo que nunca será

¿Que qué me gusta de tí?

Ahora me dan ganas de decirlo todo entre la oscuridad de la habitación en la que nos encontramos. Qué pregunta tan sincera, tan común, pero sobre todo, tan compleja. Me pregunto si tú me responderías lo que yo estoy a punto de decir. Busco tus ojos en silencio y la luz del atardecer que se volvió noche estrellada me ayuda... sólo un poco, pero logro verlos. Logro percibir, o quizá más bien, recordar, el color.

 Así que pienso en ellos y te empiezo a decir que

Que me gustan tus ojos, me gusta como se mueven cuando hablas, me gusta que no son tan claros. Me gusta que se vean tan oscuros como esos malos días que a veces tienes, pero me gusta que sólo un tipo de luz en cierto ángulo hacen que se vean como la miel más dulce de todos, tan dulce como esos otros días que también llegas a tener. Me gusta que estén  bajo esas cejas arqueadas que siempre tienen su propio gesto, esas cejas castañas que puedo ver pero que no son tampoco tan oscuras. Tu cejo atrapa a tus ojos en esa oscuridad tremenda de la que te hablo, pero no me importa porque eso hace que los días lúcidos, los días de risa sean un santuario.

Que me gusta tu nariz y cómo le da forma a tu cara entera. Me gusta como la frunces cuando estás confundido y me da curiosidad como se mueven las alas de ésta cuando te ríes. Me gusta como baila cuando haces muecas para hacerme reír. Me gusta que me hagas reír.

Que me gusta tu boca y cómo aunque a veces no puedo ver tu labio superior, sé que ahí está. Me gustan tus labios, ambos, sí, me gustan ambos. Me gusta el color rosado de éstos y me gusta como a veces se vuelven pálidos cuando olvidas beber agua en días de trabajo pesado. Me gusta que a veces se esconde cuando frunces el cejo, porque cuando frunces todo el rostro, la boca se te desaparece, pero eso sólo hace que tu labio superior parezca un milagro y aparece cuando ríes a carcajadas, o cuando me sonríes con sinceridad o cuando bebes agua de esa botella azul que siempre cargas. Pero me gusta tu labio inferior más que el superior porque es carnoso y a veces llega a brillar y siento que me guiña y me invita a todo lo que puedas imaginarte.

Que me gusta tu frente y cómo la raíz de tu cabello empieza a formar la frontera entre tu rostro y tu cabeza. Esa frontera que comienza el cendero de cabello castaño claro que peinas cada mañana y que acomodas para que parezca que sigue corto aunque sabes que necesitas visitar la peluquería. Me gusta cómo acaricias tu cabeza cuando estás tranquilo y la seda de tu cabello hace que cada fibra en tu cabeza se mueva de manera uniforme, como una suave ola de mar.

Pero también me gusta tu torso porque es fuerte y porque al mismo tiempo no tiene "lujos" como otros me han mostrado que tienen. Tu torso que sostiene todo ese peso desde los hombros y que lo equilibra para que esos pies de dedos chatos no se cansen tanto. Me gusta tu torso porque es la metáfora tangible de la fuerza de tu alma.

Porque eso es lo que más me gusta de tí. Tu alma. Tu alma que se desparrama muchas veces fuera de tu cuerpo y que me alcanza hasta que logra hacerme sentir mejor. Tu alma interminable, tu alma suave y amigable. Me gusta tu alma porque a veces es oscura pero refrescante... Oscura pero refrescante en días de dolor. Me gusta porque también llega a ser de mil colores, como esa vez que te subiste a la montaña rusa en el parque de diversiones y no podías dejar de reírte cómo niño... como el niño nervioso que eres. Me gusta tu alma porque también el niño y el adolescente que fuiste se congregan con el adulto que eres. Me gusta tu alma porque sé que me canta al oído aun cuando estés a unos metros de mí. Me gusta tu alma porque tu alma conoce a la mía y sé que a veces bailan en silencio cuando nadie está mirando, y te das cuenta y me doy cuenta pero no decimos nada...

Porque para cuando me doy cuenta que las almas bailan en medio del aula, tú ya estás yendote y yo ya estoy recogiendo mis cosas y me doy cuenta que la oscuridad del atardecer que se volvió noche no te trajo conmigo, así que realmente no te estoy diciendo todo eso.

13 mar 2015

Prematuro

A veces piensan que soy capaz de hacerlo
A veces dudan de mi
A veces tambien pienso que puedo hacerlo
Pero recuerdo que ni he podido soñarlo
Unos me dicen que tengo la edad suficiente para entenderlo
Otros me dicen que no
Pero al final de cuentas, es mi decisión.
Me tratan como una niña
Pero se enojan si no pienso "adultamente"
Cuando ni siquiera ellos saben que significa eso
El hecho es
Que no sé muchas cosas
Aun soy "un libro abierto"
Pero ellos tienen que entender
Que necesito cagarla muy feo
Para poder aprender
Y si no termino cumpliendo sus sueños
Y si termino en las calles
Será porque asi lo quise
Porque tal vez mi destino no es su sueño
Y tal vez mi sueño es disfrutar de lo que sola obtengo

1 mar 2015

David.

En un momento estabas
y después ya no estuviste.

Un día me despedí de ti
pensando que te vería en el futuro.

Pero ahora ya no estás
porque me tardé en regresar.

No sé que decir.
Así que no he abierto la boca desde ayer.

Es extraño ¿sabes?
Al menos me hubieras avisado.

Otros se van con una advertencia
que generalmente empieza con ir al hospital.

Pero tú solo estabas trabajando
y en ese momento tu estabas
pero después ya no estuviste.



28 feb 2015

After moving from Mexico to the United States, I have realized that besides having personal connections with other people and holding memories with them, there is also great significance on the connection a person has with a place. Moving does not only mean to leave a house behind to dwell in another. It’s leaving behind your childhood and yearning to see the couch where your adolescence made you cry or the kitchen where your mother taught you how to cook Grandma’s secret recipe. The feelings that rush through me every time I see pictures of my old house are proof of how important it was for me to live in that two-bedroom apartment. I had never thought of all this until I moved to start a new life in a new house in another country. The emptiness of our new place gave me chills the first time I stepped in it making me want to run back to Mexico. However, it was replaced by warmth after I began to feel connected to my new house. It happened when my family and I started to make the place suitable for us—when Mom changed the bulb of the lamp, when Dad fixed the closet, and when my sister and I arranged the books in the bookshelf. It was when we began to form memories in our new house that I started seeing the place as mine and realized that “bonding” with the place you live is a significant part of life.