(Fragmento de un diario que comencé el verano pasado.)
He
pensado en buscar un curso de arte, o de dibujo, o algo así, o pasar el tiempo
escribiendo cuentos para niños. Es que ayer me puse a pensar en la posibilidad
de ser mamá. No ahorita, claro que no. Pero pensé en cómo sería yo si tuviera
hijos, quizá a los veintinueve. Tal vez uno. Tal vez dos. Es muy raro.
Pensé en mi papá y en mi mamá. Pensé en que
papá quería volverse cantante y guitarrista; que mi papá jamás quiso ser
famoso, que sólo lo hacía porque le gustaba. Y no lo es, no es famoso ni
poquito, sólo entre nosotros y sus hermanos, quienes también cantan. Pensé en
cómo se la pasaba cantándonos canciones de cuna o sus baladas viejitas cuando
éramos pequeñas. Entonces quise escribir cuentos para niños para enseñarles a
mis hijos de pequeños que podía ser la escritora de la familia y que podía ser
famosa sólo entre nosotros. Y que a veces uno no necesita ser famoso para hacer
arte. Porque eso es lo que he aprendido. Pero la verdad, no se me ha ocurrido
nada.
Sólo escribo cosas imaginarias que les suceden a jóvenes de mi edad. Por
ejemplo: hace poco escribí una historia de una chica de diecisiete que está
loca y ve un fantasma en su habitación, el fantasma la cuida. Hace unas semanas
escribí la historia de un niño que se muere y se despide de su mamá; pensé en
que tal vez ésta última podía modificarla un poco, no sé. Antes de eso, escribí
la historia de una chica que se moría en su cumpleaños número dieciséis al
intentar volar con unas alas artificiales. Y antes escribí la historia de una
chica que tiene un amigo imaginario. Pero nada relativo a una infancia con
aventuras.
Quizá deba recordar cómo me sentía cuando tenía cinco o algo así.
Entonces decidí dejar eso por la paz y pensé que quizá cuando comience a
estudiar Psicología, podía especializarme en niños y así aprender de ellos. Los
niños nunca fueron “mi especialidad” pero supongo que si quiero darles esa
infancia bonita a mis hijos, tengo que hacerlo. Quiero saber explicarles todo,
pero de la manera correcta, o al menos de la manera menos equivocada posible.
No sé.
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