Es bueno regresar. Se siente bien.
Es como haber tomado vacaciones de lo que quería ser y de lo que era... quizá también de lo que me estaba convirtiendo, y después regresar a mí misma.
Vacaciones. Más o menos.
Es como vivir siempre en la Tierra y de repente tomar la primer oportunidad en la que la NASA te pide que viajes con ellos al satélite más cercano y entonces ves todo lo que ya tenías. Ves la Tierra desde afuera y cambia tu perspectiva. Jamás pensaste que así se vieran las nubes, o el desierto, o el ártico
hasta que lo viste desde afuera.
Como cuando te miras en el espejo de pequeño y te preguntas si eres tu o no. Si esa cara que se mueve acorde con la tuya, eres tú... ¿Eres tú?
Eres tú.
Pero entonces viajas a otro lado y aprendes a decir cosas que significan lo mismo, pero que también cambian el sentido de la vida a la que estabas apegada... la lengua se confunde. Viajas y te adentras a lugares diferentes. Colores, sabores y sonidos, todos diferentes. Parecidos a lo que conocías, pero aún así diferentes.
Diferentes...
¿Diferentes?
Entonces tus pensamientos cambian. Cambian hasta que se transforman en algo sólido, algo nuevo en qué creer.
Es volver a empezar. No sólo desde cero, desde infinito negativo.
Comprar un lugar al cual llamarás casa cuando pases el tiempo suficiente para sentirte cómoda. Buscar y buscar hasta encontrar lo que necesitas, buscar y buscar para sobrevivir, hacer todo lo que puedas sin ser deshonesta. Pelearte con ellos, pelearte contigo misma, pelearte con tu amigo imaginario, asesinar ideas, dejar lo que eras, mudar de piel, mudar de creencias, llorar y sufrir, y llorar otra vez sin querer, olvidar que no eres débil, olvidar quién eres, encontrar unas cosas, cruzarte con personas, personas buenas, personas negativas, ciudades nuevas, perderte en callejones, gastar el dinero en un viaje de autobús para llegar al otro lado de la ciudad y no saber regresar a "casa", usar expresiones que no eran tuyas, convertirlas en tuyas, encontrar tu voz personal, hablar claro, detener la clase y pararte sobre la silla... lograr que te vean.
Sin olvidar que no fue fácil, debo objetar que tampoco fue tan complicado. Fue complejo, pero sigo aquí. Estoy de regreso.
Sin embargo, a pesar de haber regresado, nada será igual. Siempre habrá una línea delgada entre lo que quise que se quedara y lo que no se quedó. Quería que todo se petrificara, que el tiempo se detuviera de donde vine mientras mi propio tiempo corría. Como si todos pudieran esperarme hasta el día en que volviera. Pero el tiempo es infinito y no ve por nadie. Es egoísta a su modo. Corre como liebre y se escurre en el espacio. Nada se detiene. Las plantas mueren cuando estás en la Tierra y mueren cuando estás fuera de su atmósfera. "Sigue rodando y no se detiene."
Quiero regresar, pero no puedo, porque el tiempo no se detiene, no puedo detenerlo. Pero estoy de vuelta. No he regresado, pero estoy de vuelta.
Las extraño. Los extraño. Ya no lloro, pero sigo peleándome adentro. Me exprimo el corazón y hago todo para no olvidar como se dice "hola" en español. Porque no quiero se un alíen... quiero ser Aline.
23 oct 2013
4 jun 2013
Untitled 2
Entonces me vas a besar la cabeza porque será la primera vez que hablemos y vamos a llorar juntos, pero no nos vamos a dar cuenta porque yo voy a mirar a tus pies descalzos y tú, al contrario, mirarás al horizonte aún con tu rostro sobre mi cabeza. Las lágrimas diminutas fluyendo de tus claros ojos hasta mi cuero cabelludo.
Entonces voy a abrazarte más fuerte y el cielo se va a alegrar tanto que va a llorar de felicidad y las nubes harán que llueva. Lo cual será extraño, porque se tratará de un momento en pleno verano. Nunca me vas a besar, pero no voy a necesitarlo.
Entonces todo va a comenzar a tener sentido.
Después, lo vamos a olvidar. Después, ni mi cara vas a recordar y yo voy a dejar el sonido de tu voz atrás sin nostalgia. Pero no nos vamos a sentir culpables porque no nos vamos a ver.
No nos vamos a ver hasta que pase tanto tiempo que olvidaremos qué edad tenemos. Cuando tú te vuelvas una estrella y yo sea un alma sin vocación específica. Será entonces cuando vas a necesitar soledad porque la gente siempre te abrumó. Y yo voy a necesitar compañía porque la soledad siempre me caló hasta el tuétano.
Será entonces cuando yo tenga los pies descalzos y tú el cabello largo… tan negro como siempre. Será entonces cuando nos volvamos a encontrar.
Entonces voy a verte a los ojos y, así, a transportarme hasta tu alma y algo va a dar clic dentro de mí. Tú mirarás algo en mí y algo en ti te hará sentir que esto ya lo vivimos. Entonces yo intentaré recordar cómo se dice tu nombre y tú intentarás recordar el mío, pero a ambos se nos va a escapar el sonido al mismo tiempo y nos vamos a quedar sin aliento. El cielo estará tan fresco porque va a ser otoño y no podré excusarme por volver a vestir mis mejillas de escarlata. Y voy a recordar tu voz, será entonces cuando sepa quién eres. Luego intentaré tomar tu mano, pero el tren va a aproximarse y tu figura se va a esfumar y será el fin de todo.
Me voy a preguntar cómo es que no lo vi venir. ¿Cómo es que no escuchaste al motor acercarse? ¿Será que somos dos tontos y nos sentíamos tan solos que alguno tenía que irse para siempre?
Pero tu fantasma va a volver cada noche y volveré a escuchar tu voz y a ver tus ojos entre mis párpados cerrados cuando intente dormir. Y la gente va a llorarte allá afuera, pero tu voz va a quedarse aquí adentro, como cuando tocaba el piano y cerrabas la puerta para que nadie más que tú pudiera escuchar. Voy a volver a llorar de felicidad porque será entonces cuando recuerde tu nombre y a tus lágrimas cayendo sobre mi cabeza.
Entonces
voy a lamentar esos segundos intentando reconocerte.
Todo eso va a pasar después. Y me voy a dar cuenta que hoy no. Hoy es diferente. Porque hoy me miras sonriente desde el umbral de la puerta del salón de canto. Porque hoy miro al papel en el que escribo esto mientras muevo la mano izquierda para garabatear mis últimos sueños, escribo cual maniaco obsesivo. Y, a pesar de que ambos queremos cosas parecidas, lo anterior no es seguro, porque ni siquiera hemos dado el primer paso. Porque no quiero que te vayas. Porque no pienso llorar contigo, porque soy diferente.
De todos modos, al final seré yo quien va a estar acostada en algún lado y voy a despertar. Entonces todo lo mencionado solo habrá existido únicamente en papel.
"La de Avenged Sevenfold es mi favorita"
Me
miraste y sonreíste.
Entonces te devolví el gesto, sentada en la silla más incómoda en la que jamás hubiera postrado el trasero.
Tú te encontrabas en lo alto de las gradas de canto. Ambos en el salón de coro.
Volviste entonces la mirada a la maestra.
A aquella mujer que ordenaba al grupo entero
mientras yo me quedaba ahí para verte soltar esas notas desde la garganta.
Entonces te devolví el gesto, sentada en la silla más incómoda en la que jamás hubiera postrado el trasero.
Tú te encontrabas en lo alto de las gradas de canto. Ambos en el salón de coro.
Volviste entonces la mirada a la maestra.
A aquella mujer que ordenaba al grupo entero
mientras yo me quedaba ahí para verte soltar esas notas desde la garganta.
A nadie nunca le importó que me quedara ahí
como espectadora.
Pero fue hoy cuando sentí que me mirabas como si yo fuera alguien importante.
Pero fue hoy cuando sentí que me mirabas como si yo fuera alguien importante.
Ya habíamos hablado. Tu voz no era la más
dulce, pero sí era la que endulzaba mis oídos.
Siempre hacías bromas pequeñas de las que siempre he reído.
Y tus ojos siempre me veían, como si esperaran a que yo riera de verdad.
Luego esas perlas blancas se asomaban entre tus labios…
Cuando les dio tiempo para descansar, viniste a mí.
Sentí tu cuerpo junto al mío. Un abrazo para decir hola era algo tan tuyo.
Volviste a sonreír. Miraste a tu alrededor y encontraste un espejo de cuerpo entero.
Siempre hacías bromas pequeñas de las que siempre he reído.
Y tus ojos siempre me veían, como si esperaran a que yo riera de verdad.
Luego esas perlas blancas se asomaban entre tus labios…
Cuando les dio tiempo para descansar, viniste a mí.
Sentí tu cuerpo junto al mío. Un abrazo para decir hola era algo tan tuyo.
Volviste a sonreír. Miraste a tu alrededor y encontraste un espejo de cuerpo entero.
Te
miraste. Un toque de vanidad era de las cosas que siempre te ha identificado.
Como siempre, acomodaste tu melena oscura y me sonreíste desde el reflejo.
Sonreí a modo de aprobación.
Como siempre, acomodaste tu melena oscura y me sonreíste desde el reflejo.
Sonreí a modo de aprobación.
Te paraste detrás de aquél espejo rectangular
y me miraste otra vez.
Tu cabeza era lo único que se asomaba de aquél mueble.
Eras tan delgado como el espejo…
Tu cabeza era lo único que se asomaba de aquél mueble.
Eras tan delgado como el espejo…
Entonces
me situé frente al espejo mientras lo sostenías. Tu cara y la mía estaban a la
misma altura.
Miré al frente y el espejo sólo reflejaba mi cuerpo desde el cuello a los pies.
Me di cuenta que aquello hacía parecer que tu cara estaba pegada a mi cuerpo.
Miré al frente y el espejo sólo reflejaba mi cuerpo desde el cuello a los pies.
Me di cuenta que aquello hacía parecer que tu cara estaba pegada a mi cuerpo.
Era
como si tu estuvieras usando mi atuendo.
“Te ves bien,” dije bromeando. Miraste el reflejo, bajando la mirada.
Reíste por lo bajo y dijiste ruborizado, “Gracias. Es que estoy usando mi playera favorita.”
“Te ves bien,” dije bromeando. Miraste el reflejo, bajando la mirada.
Reíste por lo bajo y dijiste ruborizado, “Gracias. Es que estoy usando mi playera favorita.”
16 abr 2013
Rojo cereza.
Que notes el rojo cereza en mi cabello es mas que encantador.
Los detalles que me das son indescriptibles.
Obligas a que el rojo cereza del cabello
pase a mis mejillas por ósmosis. (Sera que es por otra cosa?)
Tu voz en el aire entre nosotros apacigua el dolor de mis oídos.
Tanquilizas el desastre de mi cerebro, que siempre se encuentra abarrotado de ecuaciones sin resolución.
No me ayudas a resolverlas, pero tampoco las vuelves peor.
Los detalles que me das son indescriptibles.
Obligas a que el rojo cereza del cabello
pase a mis mejillas por ósmosis. (Sera que es por otra cosa?)
Tu voz en el aire entre nosotros apacigua el dolor de mis oídos.
Tanquilizas el desastre de mi cerebro, que siempre se encuentra abarrotado de ecuaciones sin resolución.
No me ayudas a resolverlas, pero tampoco las vuelves peor.
13 dic 2012
Peces en mi estomago.
Provocarle una risita no tiene precio.
No me importaría tener que hacer la mueca mas extraña en frente de todos
con tal de verlo reír.
Su frente fruncida, como si no entendiera la razón de mi mueca graciosa.
Una sonrisa en la comisura de sus labios.
Eso es todo.
El brillo que cruza sus dientes al abrir los labios
sabe llenar el núcleo de esta descorazonada persona
adicta a el.
El mar azul de sus ojos contiene los peces grises
lo peces que nadan hasta mi estomago y me hacen sentir... rara.
El lo sabe y es travieso. Obliga a sus ojos.
Y sus ojos obligan a los peces a nadar a través de la conexion,
la conexion que emana de mi a el y de el a mi
todo para llegar a mi estomago y hacerme explotar internamente.
Algún día colapsare por tener tantos visitantes grises dentro,
pero no temo, porque se que el lo sabrá y estará ahí...
Aunque sea para cantarme.
No me importaría tener que hacer la mueca mas extraña en frente de todos
con tal de verlo reír.
Su frente fruncida, como si no entendiera la razón de mi mueca graciosa.
Una sonrisa en la comisura de sus labios.
Eso es todo.
El brillo que cruza sus dientes al abrir los labios
sabe llenar el núcleo de esta descorazonada persona
adicta a el.
El mar azul de sus ojos contiene los peces grises
lo peces que nadan hasta mi estomago y me hacen sentir... rara.
El lo sabe y es travieso. Obliga a sus ojos.
Y sus ojos obligan a los peces a nadar a través de la conexion,
la conexion que emana de mi a el y de el a mi
todo para llegar a mi estomago y hacerme explotar internamente.
Algún día colapsare por tener tantos visitantes grises dentro,
pero no temo, porque se que el lo sabrá y estará ahí...
Aunque sea para cantarme.
Sin titulo.
Sunshine son los ojos azules que me encuentro cuando menos lo espero. Sunshine es la delgada comisura que me sonríe si me reconoce. Sunshine es el cabello oscuro que le cubre el rostro, Sunshine es ese rostro. Sunshine es el azul del cielo y de mi Yo interno. Sunshine es la media sonrisa que esboza cuando me ve haciendo gestos sin sentido. Sunshine es la voz suave y grave que me saluda en las mañanas. Es el pensamiento esperanzado, es el abrazo acogedor que necesito. Sunshine es el par de labios que no he probado. Es el anhelo nocturno en mi cabeza.
Sunshine es el abrazo que me hace querer llorar. Es el grupo de sentimientos que jamas creí albergar dentro mio. Es el sonido de los latidos que me hacen dormir. Sunshine es 'el. Sunshine es mi hogar.
Sunshine es el abrazo que me hace querer llorar. Es el grupo de sentimientos que jamas creí albergar dentro mio. Es el sonido de los latidos que me hacen dormir. Sunshine es 'el. Sunshine es mi hogar.
15 ago 2012
Cuídame.
No podía creerlo. Al fin la familia se reunía. Al fin se daban abrazos sinceros, o al menos así es como se veían. ¡Por Dios santo! Esto no podía estar pasando.
Se encontraba observándolos a todos detenidamente desde la ventana, afuera de la enorme casa. Con la ropa sucia de ayer igual de empapada que el cabello castaño, por la fresca lluvia suave que se deslizaba sobre el aire delicado del condado. Con los ojos bien abiertos y un nudo en el estómago, con el ramo de tulipanes que le hubiera dado en su cumpleaños.
-No, no, no.-Intentó convencerse. Miró hacia abajo cerrando los ojos, dejándose empapar aún más. Sus párpados se volvieron a abrir y sostuvo la mirada en sus botas negras llenas del lodo del jardín.
Volvió la vista hacia adentro. Alguien había corrido las cortinas color crema, no tuvo más remedio que hacerse a la idea. Sólo le quedaba entrar y enfrentarlo todo.
Después de soltar un largo suspiro, decidió caminar hacia la entrada y golpear la puerta de la mansión. Una anciana que usaba una mascada en la cabeza, sustituyendo al cabello inexistente, le abrió. Tenía los ojos cansados de tanto llorar. Dicha señora lo estrechó entre sus débiles brazos.
-Lo lamento, abuela-dijo en forma de consuelo.
-No te preocupes, hijo-contestó la anciana soltándolo. Lo dejó caminar delante de ella y cerró la puerta tras él.-Qué bueno que ya estás aquí. ¡Mirate! Estás todo mojado, te va a hacer daño.
-En un momento atiendo eso, abuela-le contestó cortés.
El cuerpo descansaba arriba, en la última habitación del lado izquierdo. Pasó la sala donde los demás se encontraban, subió las escaleras con el ramo de tulipanes apretados en la mano derecha, sin saludar a nadie. Los demás parientes lo ignoraron, como siempre habían hecho.
Otras cuatro personas más seguían estorbando en el pasillo del piso de arriba. Él los esquivó para quedarse petrificado muy erguido en frente de la puerta. Respiró hondo, sintiendo sus pulmones llenarse el aire contaminado de nostalgias falsas.
-Necesito un momento-sentenció llamando la atención de todos los presentes. -...a solas. -Terminó con voz áspera.
Los demás comenzaron a murmurar cosas que para él eran lo de menos y se alejaron para dirigirse escaleras abajo.
Su cabello, que ya le llegaba a las orejas, comenzaba a gotear, al igual que las orillas del suéter y los pantalones que usaba, formando un charco en el sitio donde se quedó estático. Pero no le importó.
Finalmente, giró el pomo de la puerta y entró sigilosamente. La puerta no hizo el chirrido que esperaba, sólo se abrió de manera silenciosa. La habitación irradiaba calma y paz. no había más que el tocador intacto y una cama grande en medio. Dicho mueble tenía encima postrado un cuerpo. Más bien, un cadáver. Las gotas del suéter retumbaron sobre el suelo mientras caminaba hacia la persona fallecida.
Se quedó muy cerca de su rostro.
-Pudiste haberte quedado-susurró con voz solemne. Puso los tulipanes sobre el pecho del cadáver. Mojó su cara.- Te dije que no era bueno...-su voz se quebró sin dejarle terminar. Recobró el aliento y continuó.-No sabes lo mucho que te extrañé el verano pasado. Pude haberme quedado contigo. Pude... pude...-pero las lágrimas que contenía dentro de sí, salieron sin pedirle permiso.
Las dejó salir un rato. Su pecho se agitaba de manera agresiva al sacar todo lo que sentía, sus ojos se cerraban y dejaban todo afuera, mientras que su ceño se fruncía de manera automática a causa de la frustración que le calaba todo el torso. Minutos después, sólo gemía sin siquiera decir algo inteligible.
Y luego todo se detuvo.
-Tendré que quedarme con él,-le dijo al difunto. Fue entonces cuando notó que su saliva se había vuelto ácida. Un espasmo cruzó su estómago y siguió-pero supongo que eso ya lo sabías. Y es obvio que él también lo sabe.
Sorbió por la nariz y decidió recostarse a lado de él, abrazó su torso con cariño, empapando aquél cuerpo inerte. Suspiró de nuevo. La nostalgia salió desde lo más hondo de su pecho y se transformó en palabras que duraron más de una hora.Le contó todo lo que se perdió cuando iba a trabajar, le contó que no quería quedarse solo. A ratos pausaba para mirar a la ventana que cada vez mostraba menos luz.
-Es culpa de él ¿verdad?-le preguntó. Luego imaginó que le respondía "¿El qué?"-Es culpa de él que estés así. Es culpa de tu novio. Él te hizo esto ¿no es cierto?
"No es culpa de nadie", su cabeza volvía a hacerle creer que enserio hablaba con alguien vivo. "Todo va a estar bien", fue lo último que escuchó.
-Él te golpeó. Veo los moretones. No me mientas.
Un largo silencio pasivo reinó la habitación. Puso su oreja izquierda sobre el pecho del cuerpo. Ni señal de una esperanza convertida en pálpito. Ni siquiera escuchaba la respiración de sus pulmones. Ya nada funcionaba físicamente en el muerto. Ya no iba a regresar.
Cerró los ojos, olvidando la tristeza y sonrió al recordar su infancia. Tarareó una canción, pensando que mañana sería un día mejor.
Y se durmió ahí. Junto a su padre fallecido. Junto al hombre que le enseñó lo que pudo, cuando pudo. El hombre que, en su propio cunpleaños, lo dejó atado alado de un hombre (su novio) que realmente no conocía, pero que le repugnaba.
**********************************************
Se encontraba observándolos a todos detenidamente desde la ventana, afuera de la enorme casa. Con la ropa sucia de ayer igual de empapada que el cabello castaño, por la fresca lluvia suave que se deslizaba sobre el aire delicado del condado. Con los ojos bien abiertos y un nudo en el estómago, con el ramo de tulipanes que le hubiera dado en su cumpleaños.
-No, no, no.-Intentó convencerse. Miró hacia abajo cerrando los ojos, dejándose empapar aún más. Sus párpados se volvieron a abrir y sostuvo la mirada en sus botas negras llenas del lodo del jardín.
Volvió la vista hacia adentro. Alguien había corrido las cortinas color crema, no tuvo más remedio que hacerse a la idea. Sólo le quedaba entrar y enfrentarlo todo.
Después de soltar un largo suspiro, decidió caminar hacia la entrada y golpear la puerta de la mansión. Una anciana que usaba una mascada en la cabeza, sustituyendo al cabello inexistente, le abrió. Tenía los ojos cansados de tanto llorar. Dicha señora lo estrechó entre sus débiles brazos.
-Lo lamento, abuela-dijo en forma de consuelo.
-No te preocupes, hijo-contestó la anciana soltándolo. Lo dejó caminar delante de ella y cerró la puerta tras él.-Qué bueno que ya estás aquí. ¡Mirate! Estás todo mojado, te va a hacer daño.
-En un momento atiendo eso, abuela-le contestó cortés.
El cuerpo descansaba arriba, en la última habitación del lado izquierdo. Pasó la sala donde los demás se encontraban, subió las escaleras con el ramo de tulipanes apretados en la mano derecha, sin saludar a nadie. Los demás parientes lo ignoraron, como siempre habían hecho.
Otras cuatro personas más seguían estorbando en el pasillo del piso de arriba. Él los esquivó para quedarse petrificado muy erguido en frente de la puerta. Respiró hondo, sintiendo sus pulmones llenarse el aire contaminado de nostalgias falsas.
-Necesito un momento-sentenció llamando la atención de todos los presentes. -...a solas. -Terminó con voz áspera.
Los demás comenzaron a murmurar cosas que para él eran lo de menos y se alejaron para dirigirse escaleras abajo.
Su cabello, que ya le llegaba a las orejas, comenzaba a gotear, al igual que las orillas del suéter y los pantalones que usaba, formando un charco en el sitio donde se quedó estático. Pero no le importó.
Finalmente, giró el pomo de la puerta y entró sigilosamente. La puerta no hizo el chirrido que esperaba, sólo se abrió de manera silenciosa. La habitación irradiaba calma y paz. no había más que el tocador intacto y una cama grande en medio. Dicho mueble tenía encima postrado un cuerpo. Más bien, un cadáver. Las gotas del suéter retumbaron sobre el suelo mientras caminaba hacia la persona fallecida.
Se quedó muy cerca de su rostro.
-Pudiste haberte quedado-susurró con voz solemne. Puso los tulipanes sobre el pecho del cadáver. Mojó su cara.- Te dije que no era bueno...-su voz se quebró sin dejarle terminar. Recobró el aliento y continuó.-No sabes lo mucho que te extrañé el verano pasado. Pude haberme quedado contigo. Pude... pude...-pero las lágrimas que contenía dentro de sí, salieron sin pedirle permiso.
Las dejó salir un rato. Su pecho se agitaba de manera agresiva al sacar todo lo que sentía, sus ojos se cerraban y dejaban todo afuera, mientras que su ceño se fruncía de manera automática a causa de la frustración que le calaba todo el torso. Minutos después, sólo gemía sin siquiera decir algo inteligible.
Y luego todo se detuvo.
-Tendré que quedarme con él,-le dijo al difunto. Fue entonces cuando notó que su saliva se había vuelto ácida. Un espasmo cruzó su estómago y siguió-pero supongo que eso ya lo sabías. Y es obvio que él también lo sabe.
Sorbió por la nariz y decidió recostarse a lado de él, abrazó su torso con cariño, empapando aquél cuerpo inerte. Suspiró de nuevo. La nostalgia salió desde lo más hondo de su pecho y se transformó en palabras que duraron más de una hora.Le contó todo lo que se perdió cuando iba a trabajar, le contó que no quería quedarse solo. A ratos pausaba para mirar a la ventana que cada vez mostraba menos luz.
-Es culpa de él ¿verdad?-le preguntó. Luego imaginó que le respondía "¿El qué?"-Es culpa de él que estés así. Es culpa de tu novio. Él te hizo esto ¿no es cierto?
"No es culpa de nadie", su cabeza volvía a hacerle creer que enserio hablaba con alguien vivo. "Todo va a estar bien", fue lo último que escuchó.
-Él te golpeó. Veo los moretones. No me mientas.
Un largo silencio pasivo reinó la habitación. Puso su oreja izquierda sobre el pecho del cuerpo. Ni señal de una esperanza convertida en pálpito. Ni siquiera escuchaba la respiración de sus pulmones. Ya nada funcionaba físicamente en el muerto. Ya no iba a regresar.
Cerró los ojos, olvidando la tristeza y sonrió al recordar su infancia. Tarareó una canción, pensando que mañana sería un día mejor.
Y se durmió ahí. Junto a su padre fallecido. Junto al hombre que le enseñó lo que pudo, cuando pudo. El hombre que, en su propio cunpleaños, lo dejó atado alado de un hombre (su novio) que realmente no conocía, pero que le repugnaba.
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"Cae, cae la lluvia"La pluie"-Zaz
en este domingo de diciembre.
A la sombra de los paraguas
los transeúntes se dan prisa, sin esperar..."
3 jul 2012
Somos milagros.
No creía en los milagros. La magia se fue de mi cabeza hace tiempo, dejé de creer en lo divino hace años, simplemente dejé de creer. Comencé a buscarme explicaciones físicas y coherentes ante todo, ni siquiera me atrevía a abrir la mente ante la Biblia o lo que dictaba la iglesia. Y sigo sin hacerlo, no me gusta que me impogan ideas y eso es lo que la sociedad hace, así que automáticamente lo rechazo de inmediato, como si me dieran un jarabe para la tos y yo lo escupiera al suelo.
No creía en los milagros tampoco. Y la verdad, los milagros no tienen que ver solamente con un Dios, o con cuentos del Antiguo testamento o el Nuevo. Sólo no creía en los milagros.
En esos sucesos de los que todos se asombran al ser logrados cuando todos saben que son imposibles siempre.
Pero entonces me puse a pensar; ¿de dónde vengo?
¿DE DONDE VENGO?
Los conocimientos que he adquirido a lo largo de mi vida, me dicen que vengo de una serie de células que se reproducieron durante nueve meses en el vientre de una hembra de mi especie, que dichas células al inicio eran sólo una llamada cigoto, que el cigoto se formó de la fusión entre otra célula antes de él llamado óvulo y un espermatozoide (éste venía el macho de mi especie), que el espermatozoide que le ayudó al óvulo luchó, celularmente, contra otros muchos espermatozoides y que al final éste fue quien obtuvo el reconocimiento de ganador. Pero a mí me gusta reconocerlo como un milagro.
Un milagro porque, de alguna manera, ¿cuáles eran las probabilidades de que aquella célula con un flagelo al final ganara? Porque aquella célula mocroscópica contenía parte de mi ADN, o sea de lo que soy el día de hoy. ¿Y si aquella célula hubiera perdido la batalla y otra con otro tipo de ADN ganaba? ¿Y si todos perdían y yo no era concebida como lo que soy? ¿Y se se concebía otro ser y yo no existía?
Aunque esto me ha tomado poco tiempo de escribir, siendo honesta, me tomó más tiempo reflexionarlo; soy un milagro. Y no porque un Dios en un paraíso que nadie vivo ha visto hubiera querido, fue simple magia, simple biología.
Así que antes de querer quitarnos la vida a mitad de camino (o antes), pensemos que somos el procesos arduo de cientos de células trabajando, que somos el milagro del que nuestros padres están orgullosos. Somos milagros porque, a pesar de las ideas tristes que tenemos de nosotros mismos, logramos salir adelante sin siquiera poseer un cerebro.
No creía en los milagros tampoco. Y la verdad, los milagros no tienen que ver solamente con un Dios, o con cuentos del Antiguo testamento o el Nuevo. Sólo no creía en los milagros.
En esos sucesos de los que todos se asombran al ser logrados cuando todos saben que son imposibles siempre.
Pero entonces me puse a pensar; ¿de dónde vengo?
¿DE DONDE VENGO?
Los conocimientos que he adquirido a lo largo de mi vida, me dicen que vengo de una serie de células que se reproducieron durante nueve meses en el vientre de una hembra de mi especie, que dichas células al inicio eran sólo una llamada cigoto, que el cigoto se formó de la fusión entre otra célula antes de él llamado óvulo y un espermatozoide (éste venía el macho de mi especie), que el espermatozoide que le ayudó al óvulo luchó, celularmente, contra otros muchos espermatozoides y que al final éste fue quien obtuvo el reconocimiento de ganador. Pero a mí me gusta reconocerlo como un milagro.
Un milagro porque, de alguna manera, ¿cuáles eran las probabilidades de que aquella célula con un flagelo al final ganara? Porque aquella célula mocroscópica contenía parte de mi ADN, o sea de lo que soy el día de hoy. ¿Y si aquella célula hubiera perdido la batalla y otra con otro tipo de ADN ganaba? ¿Y si todos perdían y yo no era concebida como lo que soy? ¿Y se se concebía otro ser y yo no existía?
Aunque esto me ha tomado poco tiempo de escribir, siendo honesta, me tomó más tiempo reflexionarlo; soy un milagro. Y no porque un Dios en un paraíso que nadie vivo ha visto hubiera querido, fue simple magia, simple biología.
Así que antes de querer quitarnos la vida a mitad de camino (o antes), pensemos que somos el procesos arduo de cientos de células trabajando, que somos el milagro del que nuestros padres están orgullosos. Somos milagros porque, a pesar de las ideas tristes que tenemos de nosotros mismos, logramos salir adelante sin siquiera poseer un cerebro.
2 jul 2012
...
Los sonidos de la noche me acompañan, no es un día especial, o quizá sí. Depende de cómo me sienta conmigo misma, siempre depende de ello.
Las ojeras en el espejo del baño me revelan el mal estado al que he sentenciado a mi cuerpo las últimas semanas, pero las pesadillas no me dejan descansar, no es culpa mía, o quizá sí.
Enjuago mi cara con agua fría del lavabo y vuelvo a mirarme al espejo, me veo mejor que hace unos segundos. La incertidumbre sobre lo que pasará mañana llena mi mente de pensamientos inútiles y complejos. No entiendo al mundo, me repito y cierro los ojos.
Ahí parada, inmóvil en medio del cuarto de baño me encuentro imaginando que no asesino a nadie, que el monstruo que crea mi mente es sólo imaginación acumulada. Que mi energía para luchar contra mí misma algún día regresará.
Pero los días pasan y el café ya no me sabe bien, las sandalias no saben ser usadas por mis pies y estos se dedican a vagar por la casa descalzos.
No importa que todo se desmorone, no importa ya que me haya convertido en algo que no era, no importa la pestilencia en el baúl de la racámara, ni la ropa sucia regada en el suelo desde la sala al cuarto de baño, tampoco importa que haya usado el arma, o que me sangre el labio, o que lleguen cartas de un extraño que quiso asesinarme. No importa nada. Tampoco importa si me duermo temprano o si lo que estoy diciendo es verdadero, no importa si esto es el recuerdo de un recuerdo.
No importa que mis demonios me persigan cuando menos lo necesito, o que sus ojos me miren fijamente con desconcierto, o que sus amables labios hayan dejado de besarme para fruncirse duramente, no importa.
Las ojeras en el espejo del baño me revelan el mal estado al que he sentenciado a mi cuerpo las últimas semanas, pero las pesadillas no me dejan descansar, no es culpa mía, o quizá sí.
Enjuago mi cara con agua fría del lavabo y vuelvo a mirarme al espejo, me veo mejor que hace unos segundos. La incertidumbre sobre lo que pasará mañana llena mi mente de pensamientos inútiles y complejos. No entiendo al mundo, me repito y cierro los ojos.
Ahí parada, inmóvil en medio del cuarto de baño me encuentro imaginando que no asesino a nadie, que el monstruo que crea mi mente es sólo imaginación acumulada. Que mi energía para luchar contra mí misma algún día regresará.
Pero los días pasan y el café ya no me sabe bien, las sandalias no saben ser usadas por mis pies y estos se dedican a vagar por la casa descalzos.
No importa que todo se desmorone, no importa ya que me haya convertido en algo que no era, no importa la pestilencia en el baúl de la racámara, ni la ropa sucia regada en el suelo desde la sala al cuarto de baño, tampoco importa que haya usado el arma, o que me sangre el labio, o que lleguen cartas de un extraño que quiso asesinarme. No importa nada. Tampoco importa si me duermo temprano o si lo que estoy diciendo es verdadero, no importa si esto es el recuerdo de un recuerdo.
No importa que mis demonios me persigan cuando menos lo necesito, o que sus ojos me miren fijamente con desconcierto, o que sus amables labios hayan dejado de besarme para fruncirse duramente, no importa.
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