Una nueva tarea aparecía en su vida gracias a ese tutor extraño que la cuidaba.
El mandado no se había hecho, así que tomó sus llaves, una bolsa, su iPod y salió rápidamente después de aquellos infernales gritos de ese hombre adulto...´
Aquel que siempre estaba con ella, apareció en frente de ella haciendo que chocaran.
-¡hola!- dijo el palido muchacho
-Hola...- le respondió desganada
-¿Qué te hizo hoy?
-Nada... Lo de siempre: Gritarme, y ordenar autoritariamente...-suspira- así es mi vida
-Sí... Discúlpame, pero no puedo...
-lo sé, no puedes hacer nada por mí. Lo entiendo muy bien. Solo somos amigos no te preocupes.
-Bueno ¿y, a donde vas?
-Aquí a la tienda- ambos iban caminando.
-Andando... - Rodea los brazos de su amiga a quien siempre cuida "Como un ángel"
Hicieron las compras lo mas rápido que pudieron, pues aquel hombre que, se suponía cuida de ella, era muy impaciente, y más ese día pues era inicio de semana y debía llegar temprano a su despacho
-Bien, ahora...
-¿ahora qué?- le responde ella irritada, desde aquello, ella siempre está irritada, a él no le parece bueno
esto, pero la ama y logra soportarla. Pero no hay que malinterpretar, él la ama como a una hermana, una madre, una hija... De ese amor es del que siempre habla en sus pensamientos
-Ahora mi pregunta ¿Regresarás por esa calle donde siempre te sientes acosada?
-¿cómo sabes que ahí me siento así?
-Oh... Tengo mis trucos... - le responde sonriendo mientras carga varias bolsas llenas
-Bien. Sí, iré en esa dirección
-¿por qué?
-Porque es ahí donde siempre compro...
-Tus amadas gomitas
-Exacto Gerard! Mis gomitas son las únicas golosinas que puedo comer hasta que logro convencerlo de dejarme cenar
-Si... Bueno vamos...
La gente se les queda viendo extrañada. Como si fueran un par de locos. Ellos saben que están un tanto zafados, pero siempre han pensado "Pero en este cruel mundo ¿Quien no está loco?" Así que no les interesa y siguen
Llegan a la puerta de aquella mediana mansión, la cual, pertenecerá a ella cuando sea mayor de edad
-Henos aquí pequeña saltamontes
-¿? ¿Qué dices?
-Debo irme por ahora
-Uh... Lo se
Aquel ser que la cuida, se esfuma y ella introduce la llave en el hueco del cerrojo. La gira con cuidado para no molestarlo (al tutor)
-Bien... ¿qué me traes?- pregunta tranquilo mientras se acomoda el sombrero negro postrado de su cana cabeza
-Alimento ¿?- le responde ella irónica e irritada
-¡Lo sé, niña malcriada!, ¡apúrate a hacerme de desayunar o llego tarde! ... ¡Pero mueve las piernas muchacha!
Ella baja la cabeza y le hace huevos revueltos con jamón, queso, chorizo y muchas cosas. Le prepara café, sirve medio vaso de jugo (ya que sabe que nunca lo termina) y le llama a sentarse.
El hombre prueba lo que ella le ha cocinado con tanto esmero y sonríe. "Oh, por fin sonríes viejo de pacotilla" Piensa ella, mientras el hombre termina su pequeño banquete.
Él se va sin despedir, como siempre, y ella se queda haciendo el aseo cotidiano.
Una vez más, su amigo Gerard aparece inesperadamente, pero esta ocasión, en la ventana de la sala principal.
Tal vez se coló por la puerta o la misma ventana... -se dice a sí misma
-Vaya, hasta que te dignas a aparecer- Dice al verlo, sonríe y toma un vaso de jugo de naranja. Esta vez, ella se muestra más comprensible... Al parecer le dio gusto saber que a ese adulto sin valor, le gustó el desayuno improvisado que preparó.
-No siempre puedo estar aquí. Tú sabes que ese hombre es repugnante para mí
-Sí, sí, como digas... ¿que desea señor?
-Jajá, ¿por qué me hablas así?
-Por nada, es... un simple juego.
-Bueno. Qué bien que te encuentres mejor que hace una hora- sonríe
-¿una hora? ¿Tanto se tardó en tragar ese tipo?- le pregunta ella anonadada
-Sí. ¿Por qué?
-porque perdí mi tiempo al verlo comer con tanto deseo.
-¿deseo? Quieres decir que hoy…
-Sí, hoy no hubo gritos por el mal sabor del café o el desayuno
-Excelente. Creo que esto se torna un poco mejor para ti ¿no es cierto?
-Tal vez. Tal vez solo sea por hoy…- ella le dice indiferente mientras acomoda los platos ya secos en la alacena y se prepara para lavar los sucios del fregadero.
-Bien, pero puedes aprovecharlo… Tendrás un poco de tiempo libre y podrás seguir con esa historia tan intrigante que iniciaste hace mucho ¿No?
-Tal vez… No lo sé. Ahora debo limpiar-ella vuelve a hablar desganada, pero por dentro se siente muy bien, siente un peso menos todo por un grito menos en el día…
Todo se queda en silencio. Él, no sabe qué hacer… Ese silencio es un tanto incomodo tanto para él, como para ella
-¿puedo?- le pregunta haciendo un mohín hacia el jugo de naranja que su amiga no terminó
-Ah, sí. Claro, termínalo…- le sonríe y restriega un gran plato con la esponja llena de jabón.
Pasa un buen rato escuchando música y limpiando gran parte de la mansión. De vez en cuando se topaba con su amigo del alma, su amigo de siempre, quien al chocar sonreía y ella se sentía segura, siempre se siente así a su lado… Pero como hemos dicho, lo que estos dos amigos sienten, es amor, sí, pero no esa clase de amor donde sueñan en uno con el otro porque piensan que son perfectos, donde sueñan que se besan desenfrenadamente, No. Este amor, es difícil de explicar. Solo se querían porque desde aquel día, han estado unidos.
Gerard se pasea, como siempre que la visita, por toda la mansión y siempre termina cansado, solo un poco… Mientras ella limpia por ultimo los ventanales de la sala principal, ya casi termina.
-Hey, ya son las cuatro de la tarde- le reclama él, pues le parece que ella ya se ha tardado
-Ya, ya casi, ya casi, solo un poco…
-Dios. Siempre te esmeras.
-Ya… Ya llegué- choca una vez más con su pálido amigo quien la esperaba impaciente, ella suda de la frente, pero a él no le es grotesco, al contrario, es el resultado de un buen trabajo, piensa—Sí, sí, siempre me esmero, pero si no lo hago, este hombre me dejará sin comer sin ver la luz de sol...
Alguien toca el timbre interrumpiendo el inicio de la conversación.
Su amigo vuelve a irse… Pareciera que siempre está temeroso que alguien lo vea, pues solo la visita cuando se siente sola. Insisten en la puerta tocando estruendosamente aquel botón que hace sonar la campanilla del maldito timbre
-¡Voy! ¡Diablos, voy!—camina hacia el portón de enfrente quitándose el mandil y se seca el sudor… Aparece en la puerta un chiquillo, de unos, once años, tiene ojos lindos… Ella lo conoce
-¡hola pequeño!- sonríe por segunda vez en el día, hace mucho que no lo veía
-Hola – la abraza de felicidad
-¿Qué sucede?
-Nada, es solo que quise venir a saludar, vengo de rápido porque mamá me espera en el auto
-Esta bien pequeño Frank
-Bueno, sólo quería saber cómo estabas
-Muy bien- responde ella omitiendo las pesadillas que ha tenido que vivir durante dos años de ausencia de sus padres-- ¿y tú, cómo has estado pequeño?—pregunta mientras intenta olvidar su horrible vida y alborota el oscuro cabello del niño
-Que bien, pues yo, mejor que nunca. Tengo más amigos, soy más feliz en mi nueva escuela—le cuenta su vida en resumen mientras las comisuras de sus pequeños rosados labios se vuelven más curvas y sus ojos claros muestran que está satisfecho con todo lo que le ha sucedido.
Ríen un poco entre su corta conversación...
El niño debe de irse, pero antes, le da un álbum de fotos, le pide que no lo vea en ese momento, solo cuando se sienta sola
Ella asiente y se despiden. Intenta guardar esas lágrimas necias ocasionadas por haberlo extrañado tanto.
**
Por fin siente que ha terminado de limpiar la edificación donde vive, y decide darse una ducha mientras pone a Bach en su grabadora, la cual suena en todo el lugar. Está lista para “sentirse sola” y por fin ver el pequeño, pero apreciado regalo que su pequeño amigo le ha dado.
Al principio está vacío, comienza a hojearlo, en medio hay una imagen de ellos dos cuando eran más pequeños, recuerda ese día. Fue la última ocasión que estuvo con él. Era una fiesta, aún estaban sus padres de ella, recuerda que aún Gerard no estaba presente...
Después aquella fiesta se convirtió en el inicio de su peor pesadilla; la vida sin sus padres y una herencia que podrá cobrar hasta ser mayor de edad.
Hay una pequeña nota, es la letra de su joven amigo Frank. Sonríe. "Puedes llenarlo con miles de fotografías e imágenes, las que tú quieras para que cuando seas grande recuerdes tu vida..."- Lee la carta, vuelve a sonreír, pues se da cuenta que su amigo tiene mejor ortografía que antes.
¿Pero que podría poner? piensa, si su vida ha sido un martirio, llora al recordar y extrañar aquellos días en los que su mundo estaba centrado solo en la felicidad de su familia y amigos… Ahora solo debe preocuparse por ser la sirvienta de su tutor.
-linda imagen…- le dice Gerard y ella se asusta, no esperaba que llegara así
-ay!- da un brinco y se limpia las lagrimas
-¿te espanté? Si quieres me voy…- vuelve a irse. Pareciera que no le hace gracia verla feliz con alguien más
Ella ignora esto último y llora de nuevo. Llora hasta que anochece. Ya no le interesa que ese hombre llegue y no esté hecha su cena. Todo es malo en su vida… A veces ella quisiera poder irse a vivir con su amigo Gerard, su amigo pálido quien siempre la ha cuidado.
Ahora duerme mientras sus lágrimas caen en su almohada como gotas incesantes de lluvia. Su amigo llega, como cada vez que se encuentra así…
-Lo siento- le pide perdón mientras ella dormita
-Quiero irme… Irme por siempre… Llévame contigo
-¿conmigo? Tú sabes que no puedo llevarte conmigo pequeña… Sabes que no- él acaricia su cabello
-No me interesa, llévame Gerard, no quiero estar aquí, prefiero ser un ángel como tú- Responde insistente, y Gerard abre los ojos, pues sabe que nunca llegará a ser un ángel como ella dice...
-Te equivocas, siempre te equivocas cada vez que dices algo así, te lo he dicho pequeña
-¿Por qué no puedes llevarme? ...
Él no logra responderle, ella ya se ha dormido profundamente, las lágrimas han parado de salir. Se ve tranquila… Pronuncia aquellas palabras que ella odiaría escuchar, porque son la verdad:
“Porque no soy real, soy un producto de tu propio dolor…”- él se retira del cuarto de la niña triste al recordase a sí mismo que sin ella, él no existiría…
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