30 oct 2014

Short Story

It was a quaint morning in the month of September when Allan decided to go for a walk and take me with him. I loved when Allan came to visit, he would always treat me like a smart kid, and he would always listen to me. We would walk and talk about dreams and funny things to think at the park. Going for a walk was always only a prologue to long days of adventures with my older brother because the park led to a portentous forest, which contrastingly led to a breath-taking promontory. There, the sea would softly dance with the clouds in perfect synchrony at this time of the year, and Allan and I would crawl up the ponderous rocks to watch the whole spectacle in silence. However, this particular morning was different. Despite the portent of a high percent of rain, he got me a strawberry home-made ice-cream and he got some coffee for himself. Besides, this time, the promontory had to wait because something had caught my ears. Not my eye, my ears. Right after we got our ice-creams and left the shop, I heard the soft voice of an unknown instrument. It was calling me from far away. My attention went from the conversation of a pair of ladies, who loved to prate about the new mayor in town, to the swift sound that ran through my eardrums. I sprint towards the main square, ice-cream cone in hand, and Allan followed me, sipping his cup of coffee at times. I ably followed my heart to the nucleus of this new mystery, and there she was. A fair young woman was playing a prodigal cello in the center of the square. The humming of the bow with the strings had a potent effect in me. It made my smile, and feel sad, and feel angry, all at the same time. Allan finally made it there. “Don’t ever do that again, Scarlet! I almost dropped my coffee,” he said in a playful way, because he would never scold me for anything. He had always said he loved my boldness. Then he stayed quiet, for a new song had started. The cellist was so focused on the making of sound that she didn’t seem to care about her bleeding fingers. She was so fair, so delicate you’d ever imagine her being profane in any manner. I walked around her with the music still humming in the air. I examined her every movement, and that was when I found something interesting. She had hung a small sign on her back that read, “Excuse if I interrupt your daily activities, all I need is a little bit of money to pay for my music career. If you desire for me to stop playing you may say so, but I won’t stop fighting for music until I finish up school. Thank you for your attention. Enjoy.” Her dedication captivated me. Fighting for what you loved seemed a great precept to enjoy life by, and I asked Allan to help the young woman a little bit. When she finally opened her eyes, Allan and I applauded her. My brother put a fifty-dollar bill into her pocket with discretion, and I thanked her for being beautiful and for showing me that beauty could exist in your ears as much as it fits in your eyes.  That is all I remember. To this day I still don’t know what was of her, or if she ever wondered what was of me, but all I know is that I am leading a concert with my own cello, and I am playing for Allan and for her. 

22 ago 2014

Ernesto

Sé que sigues aquí.

Aunque me fui y luego tú te fuiste
sigues conmigo.

Estás en la sal del mar al que fui a visitar el verano pasado
estás en el sol ardiente que brilla a millones de años luz
estás en las nubes que bailan en el cielo y lloran de contentas
estás en las estrellas que nos vigilan desde arriba
estás en el paisaje llano de Texas y en el valle del Distrito Federal
estás en el suelo que piso y en el aire que respiro
tu aliento se queda conmigo cuando huelo estas rosas en mi mano
tus pies me acompañan cuando camino descalza por la casa
tu voz e influencia se compacta en mis audífonos mientras camino a la escuela
el sonido de tu corazón lo escucho en los tambores
y aunque digan que no es cierto,
el sonido de tu torrente sanguíneo lo representa esa guitarra poderosa
imagino tu pulso en el bajo de las canciones
y tu voz sigue ahí, melodiosa como el teclado eléctrico que me hace estremecer.

Regresas cada noche a visitarme
no te has ido
no te vas a ir nunca
porque aunque no ya no te vea nadie
tu esencia se quedó para siempre.

Me siento diferente

Ya no soy la misma.
Soy materia y soy un ser vivo.
Soy parte de la geografía del planeta
y también del poema del mundo.

Pero ya no soy lo mismo.
La química de mi cerebro trabaja diferente
y el lugar en el que vivo tampoco es igual.
El poema que yo era, tiene diferente titulo y contenido.

Y es raro.
Porque ni siquiera sé cuándo fue que empecé a cambiar.
Porque quizá nunca cambié y sólo me estoy dejando llevar.

8 jul 2014

Tiempo.


Voy a crecer.

Recuerdo que antes cuando decían la palabra 'crecer' me venían a la mente otras palabras como soñar, creer, anhelar, esperar, querer, confiar, sonreír, felicidad... Un sinfin de palabras positivas que me motivaban a seguir vagando por el mundo. Sentía que había nacido para vagar por el mundo.

 Pero hoy es diferente. Hoy aún a veces escucho el eco de esas palabras, pero el sonido sólido de las palabras "miedo" e "intercidumbre" opacan al eco. El 'crecer' de antes se desvanece y el de ahora toma lugar y me hace temblar y detenerme. Me hace querer cerrar los ojos para siempre, o al menos hasta que pase. Me hace querer quedarme en cama todo el día, con las luces apagadas, como un Harry Potter de once años que hace como si no existiera.

 Y tengo miedo.

 Temo que todo aquello que parecían posibilidades sean sueños inexistentes que jamás voy a lograr. Tengo miedo de que todo lo que haga para lograr mis metas termine siendo parte de un baúl de cosas olvidadas en el  mundo. Tengo miedo de que todo lo que he hecho no valga la pena. Entonces, me quedo callada y dejo de moverme. Vivo en la incertidumbre y dudo de todo, de todos, y hasta de mí. Olvido quién fui y quién quise ser, entonces, me estanco entre el tiempo, y el espacio de mi habitación se achica más y más hasta volverse tan estrecho como mi cuello, tan estrecho que me aprieta y me sofoca.

 No tengo ataques de ansiedad, sólo tengo miedo de moverme. Por alguna razón, siento que si sigo haciendo lo que hago, no voy a llegar a ningún lado. Por otra razón, siento que si no hago lo que estoy haciendo, haré sufrir a mi yo interno y a los seres que me rodean, convirtiéndome en una bomba de tiempo.



4 may 2014

Mayo 3, 2014. Madrugada

Hoy soñé con las amaigas. Estaban conmigo, como antes, y las llevaba a todos esos lugares donde quise invitarlas desde que llegué aquí.

5 abr 2014

No me he ido

Empecé a desvanecerme un poco
pero todavía no me he ido.

Quizá me alejé físicamente de mi hogar
pero últimamente he pensado que
yo soy mi propio hogar.

 No escribo haikús o poemas.
Nunca lo hice, y quizá nunca lo haga
pero siempre me gustó ser yo en letras.

 A veces era yo en letras y personajes,
los cuales existían en letras igualmente.

 Mi cabeza se mantenía cuerda y
no me dolía ni me daba vueltas

Pero supongo que siempre hay un "clímax"
el cual te hace darte cuenta de algo.

En la vida, supongo yo, hay más de uno
y, generalmente, se sienten como una cachetada

Y duelen. Te destruyen.
Te vuelven cenizas.

Pero esas cenizas, las cuales
mayor parte son tuyas,
vuelan en el aire y se transforman

Se mantienen en tu forma
pero hay un cambio.
Y es ahí cuando renacemos
cual fénix en plena juventud.

Quizá no sea sociablemente aceptable
en cuanto a apariencia física
Pero al menos
sigo sintiéndome como yo misma

Yo misma con la espalda erguida
y la sonrisa abarcándome el rostro entero

2 feb 2014

Historia corta.

Un mes después y aún así lo sueña. A pesar de las exigencias de sus padres. A pesar de saber que se convertirá en uno de esos brutos que le destrocen los sueños y "el corazón", ella sigue queriendo dibujar sus ojos. Sigue imaginando que contará ese romance a sus sobrinos, o incluso a cualquier persona que se le cruce en el camino.

¿Qué no podría dejar de enamorarse alguna vez?
 Y es que desde la última vez que ella se sintió así y por enésima vez la lastimaron, se juró solemnemente que se enfocaría en las artes de la escritura y el dibujo... Éste último no es algo que le salga muy bien, pero ¿qué importaba?

 La última pregunta rondaba su cabeza después de recordar que, gracias al bajista de cabellos enchinados, había roto su propia promesa. ¿Qué importaba? De todos modos no le hacía daño a nadie. Hasta ahora.

 Se iba a meter en un problema si lo buscaba o si se dejaba encontrar. Hacía un mes que no hablaban. En las redes sociales no tenían conexión alguna. Era como de esos romances misteriosos con los que sueñas todo el tiempo, los que siempre son ilusiones, los que se estropearían si se quedaran así, o quizá no. En los que te llena la incertidumbre.

 Lo había visto mal tras el efecto del alcohol esa misma noche en la que se conocieron. Lo había visto caerse en el pequeño y pobre escenario en el que se presentaron su banda y él, incluso se había dejado llenar la boca por el aliento alcohólico del propio bajista. Cinco años mayor que ella y aún así él se había comportado aquella noche como de 15.  ¿Qué era esto, otro error irreparable en su vida, o qué?

 Un beso húmedo y ya. Sólo uno. Sin importar el estado mental en el que él estaba. Sin importar el olor del sudor en su cabeza o las personas alrededor, o el poco tiempo que había pasado para sentirse así, o nada más que el brillo de sus ojos caídos. "El muchacho de los ojos tristes", había cantado una chica en aquél escenario después de que el bajista hiciera su aparición.
  Tantos apodos puedo ponerle, pensó para sí.
 Después de cortas y no muy comprometedoras caricias que él le regaló en secreto, la dejó. Se fue de la fiesta y la dejó exasperada, con ocho dígitos escritos debajo de la rodilla derecha con plumón indeleble.

"Ámame hasta que vuelva a ser yo"

 ¿Qué estaba haciendo esa noche? Nada. Y no se arrepentía.

16 nov 2013

Esa Pregunta

Pasó hace un mes más o menos, pero aún puedo recordarlo. Se siente aún aquí adentro. Quema poquito.

 Sin importar las circunstancias que me habían hecho quedarme esa vez en la escuela hasta las nueve, la pregunta llegó. "La Pregunta." Le di nombre propio. Quizá se dio nombre propio ella misma.


  Platicaba con un adulto-joven de veintitrés sobre lo difícil que es la vida cuando estás lejos de casa. Cuando dejas tus raíces. No habíamos llegado a nada interesante hasta que él formuló La Pregunta.


 ¿Extrañas México?


 De no haberse accionado mi "mecanismo de defensa", habría llorado como Magdalena frente a mi profesor. No sé que habría pasado después de eso. Pero no sucedió. Suspiré hondo sin pensar y eché una risa lastimera. Fue casi un bufido. El sarcasmo de mi complejo interior. Sé que al mismo tiempo me puse roja; no era de vergüenza, pero sí de impotencia y algo más... algo abismal. Volví a respirar. Fue rápido; tres reacciones en una. Entonces sólo respondí, "Mucho."


Mucho era poco.


 El adulto-joven me miró con tristeza y luego volvió al proyecto en su computadora. Yo volví a recortar corazones de papel rojo para la decoración. Pasaron unos segundos y entonces quiso saber qué era lo que extrañaba.

 Algo me inspiró seguridad, confianza y entonces pude hablar. Por primera vez en mucho tiempo pude hablarle a alguien de eso. De eso que a veces me dolía y que me daba cosquillas al mismo tiempo. Lo que no recuerdo es que tanto le dije, pero supongo que haberle contado sobre ellas fue más que suficiente. Supongo que la simple "risa lastimera" le había dicho todo. Digo, el hombre había estudiado Psicología Avanzada en la universidad, era obvio que mi reacción instantáneo-reflectiva le había dicho más que "mucho". A veces cuando recuerdo aquello puedo verlo viajar por mi mente, abriéndose paso entre muchos de mis recuerdos irrelevantes para encontrar la razón de mi "mucho".


 Entonces empezamos a hablar del tiempo.


 A veces he querido que todo se quede quieto. Que la gente me espere. Que no cambien. Quiero que se queden como estatuas, que sus mentes se inmuten mientras regreso. A veces no quiero cambios de ningún tipo. A veces quisiera que el tiempo allá no existiera, que algo las detuviera de crecer. A veces quisiera volverles a ver. A veces he querido regresar de inmediato. Han habido momentos en los que me encuentro en el salón de clases en un día común, resolviendo un problema de matemáticas y de repente me entra esa extraña urgencia de saltar de la ventana y salir de la escuela para tomar cualquier autobús y hacer que dicho vehículo me lleve de regreso. Obligar al mundo entero a que me ayude a regresar.


 Pero no se puede. Porque el mundo es aliado del tiempo y ambos están contra mí.

9 nov 2013

¿Retrocediendo o avanzando?

(Fragmento de un diario que comencé el verano pasado.)

He pensado en buscar un curso de arte, o de dibujo, o algo así, o pasar el tiempo escribiendo cuentos para niños. Es que ayer me puse a pensar en la posibilidad de ser mamá. No ahorita, claro que no. Pero pensé en cómo sería yo si tuviera hijos, quizá a los veintinueve. Tal vez uno. Tal vez dos. Es muy raro.

  Pensé en mi papá y en mi mamá. Pensé en que papá quería volverse cantante y guitarrista; que mi papá jamás quiso ser famoso, que sólo lo hacía porque le gustaba. Y no lo es, no es famoso ni poquito, sólo entre nosotros y sus hermanos, quienes también cantan. Pensé en cómo se la pasaba cantándonos canciones de cuna o sus baladas viejitas cuando éramos pequeñas. Entonces quise escribir cuentos para niños para enseñarles a mis hijos de pequeños que podía ser la escritora de la familia y que podía ser famosa sólo entre nosotros. Y que a veces uno no necesita ser famoso para hacer arte. Porque eso es lo que he aprendido. Pero la verdad, no se me ha ocurrido nada.

  Sólo escribo cosas imaginarias que les suceden a jóvenes de mi edad. Por ejemplo: hace poco escribí una historia de una chica de diecisiete que está loca y ve un fantasma en su habitación, el fantasma la cuida. Hace unas semanas escribí la historia de un niño que se muere y se despide de su mamá; pensé en que tal vez ésta última podía modificarla un poco, no sé. Antes de eso, escribí la historia de una chica que se moría en su cumpleaños número dieciséis al intentar volar con unas alas artificiales. Y antes escribí la historia de una chica que tiene un amigo imaginario. Pero nada relativo a una infancia con aventuras.

   Quizá deba recordar cómo me sentía cuando tenía cinco o algo así. Entonces decidí dejar eso por la paz y pensé que quizá cuando comience a estudiar Psicología, podía especializarme en niños y así aprender de ellos. Los niños nunca fueron “mi especialidad” pero supongo que si quiero darles esa infancia bonita a mis hijos, tengo que hacerlo. Quiero saber explicarles todo, pero de la manera correcta, o al menos de la manera menos equivocada posible. No sé.

Invierno de 2012



I never thought I’d be so glad to see the sunlight.

The past five hours I took myself out of the bed and led my body to the darkness. I spent the time there, trembling along with the nightmares of my mind.

 Spooky, evil, bad thoughts; ideas about the life I wish I had; the sorrow filling my eyes.

 I couldn’t sleep at all.

 I did not sleep until I saw the astonishing-bright sun coming out. It was then when I found my relief because, at least, a brand new day was coming. Sadness disappeared in the air and left me there, staring at the window.