13 mar 2015

Prematuro

A veces piensan que soy capaz de hacerlo
A veces dudan de mi
A veces tambien pienso que puedo hacerlo
Pero recuerdo que ni he podido soñarlo
Unos me dicen que tengo la edad suficiente para entenderlo
Otros me dicen que no
Pero al final de cuentas, es mi decisión.
Me tratan como una niña
Pero se enojan si no pienso "adultamente"
Cuando ni siquiera ellos saben que significa eso
El hecho es
Que no sé muchas cosas
Aun soy "un libro abierto"
Pero ellos tienen que entender
Que necesito cagarla muy feo
Para poder aprender
Y si no termino cumpliendo sus sueños
Y si termino en las calles
Será porque asi lo quise
Porque tal vez mi destino no es su sueño
Y tal vez mi sueño es disfrutar de lo que sola obtengo

1 mar 2015

David.

En un momento estabas
y después ya no estuviste.

Un día me despedí de ti
pensando que te vería en el futuro.

Pero ahora ya no estás
porque me tardé en regresar.

No sé que decir.
Así que no he abierto la boca desde ayer.

Es extraño ¿sabes?
Al menos me hubieras avisado.

Otros se van con una advertencia
que generalmente empieza con ir al hospital.

Pero tú solo estabas trabajando
y en ese momento tu estabas
pero después ya no estuviste.



28 feb 2015

After moving from Mexico to the United States, I have realized that besides having personal connections with other people and holding memories with them, there is also great significance on the connection a person has with a place. Moving does not only mean to leave a house behind to dwell in another. It’s leaving behind your childhood and yearning to see the couch where your adolescence made you cry or the kitchen where your mother taught you how to cook Grandma’s secret recipe. The feelings that rush through me every time I see pictures of my old house are proof of how important it was for me to live in that two-bedroom apartment. I had never thought of all this until I moved to start a new life in a new house in another country. The emptiness of our new place gave me chills the first time I stepped in it making me want to run back to Mexico. However, it was replaced by warmth after I began to feel connected to my new house. It happened when my family and I started to make the place suitable for us—when Mom changed the bulb of the lamp, when Dad fixed the closet, and when my sister and I arranged the books in the bookshelf. It was when we began to form memories in our new house that I started seeing the place as mine and realized that “bonding” with the place you live is a significant part of life.

29 dic 2014

A rush of blood to the head

No sé qué es. Yo digo que es un alien, porque las cosas que hace me parecen extrañas. Lo gracioso es que a veces parece más humano que nada. Hay días en los que me exaspera, y su actitud infantil me hace enrojecer de enojo, pero jamás le digo. Otras veces, los mismos chistes de niño me hacen reír. Entonces también enrojezco, pero no me molestan para nada. El pensar en esto me hace creer que quizá no sea él, sino yo.
  Se supone que es mi instructor, sólo un maestro del que debí haberme despedido hace un año. Pero me pidió ayuda, y la verdad no quería irme aún. Digo, no me pidió quedarme sólo a mí, él necesitaba un equipo para trabajar, y muchos de nosotros estábamos dispuestos a terminar los proyectos con él. Pensé que tal vez así era como tenía que ser. Quizá sea tiempo de hacerte de amigos adultos, me dije. Quizá era tiempo de quedarme, de sentar cabeza en algún lado y comenzar a relacionarme con gente de otra cultura, gente con una historia diferente.
 Como toda historia, ésta inició con mi interés en conocer lo que alguien más pensaba. Quería saber qué era lo que pasaba por su cabeza que le hiciera ser como era.  Quería conocerle. Quería hablarle, pero no podía. Porque en el periodo en el lo conocí, yo era una introvertida con sueños que sólo eran eso y que jamás se habrían convertido en realidad de no haberlo conocido. Y no le atribuyo todo a él solamente, sé que he sido yo misma quien ha logrado todo, pero el orden cronológico de las cosas que me han sucedido me hacen pensar que el alien con quien hablo de manera regular es un evento impactante en mi vida. La cosa es que lo conocí hablando una tarde, casi noche, en la escuela. Fue el hombre que me hizo "La pregunta," y de ahí comenzamos a platicar sin parar. Su voz y la manera en que movía las manos me hacía pensar que estaba muy interesado en conocerme y en concerse a sí mismo al comentar cosas de su propia historia. En ese entonces yo era buena para notar señales y ese día noté cuan feliz le hacía el poder compartir su viaje por la vida. A mí también me hacía feliz el saber que escucharle le mejoraba el humor.
 Su interés por saber lo que otros pensaban y las demás similitudes que mi mentor y yo teníamos nos unieron más de lo que yo jamás pude haber imaginado. Aún me pregunto si no estoy soñando despierta. Y no es porque me encuentre en un lapso eterno de enamoramiento desenfrenado, es sólo que es demasiado extraño pensar que me he vuelto una amiga muy cercana de uno de mis maestros y que éste ahora guarda secretos míos. Para mí, al ser el tipo de persona que soy, las personas que son privilegiados con mis secretos son las que se van a quedar en mi mente para siempre. Como si mi verdad interna fuera una clase de USB que inserto en sus mentes para crear una conexión inalámbrica e infinita entre todas esas personas y yo. Es gracioso pensar que algún día, después de habernos despedido, lo volveré a ver y se verá diferente y quizá yo también seré diferente. Siento que a pesar de aquello, nosotros tendremos el poder de volver a ser quienes somos ahora cuando estemos juntos de nuevo. También es triste pensar que algún día tendré que decirle adiós y saber que voy a añorar el verlo, y pensar que existe la posibilidad de que nos olvidemos el uno del otro. Porque no quiero despegarme de él. No quiero dejar de ser parte de su vida y tampoco quiero que él deje de ser parte de la mía. Porque su presencia se ha vuelto un evento que atesoro porque es el único que me ha escuchado y que se ha dejado escuchar por mí. Es el único que hasta ahora no ha actuado raro al ser nosotros de géneros opuestos. Mi mentor tiene una mente tan abierta que incluso ha traído a la mesa la posibilidad de que nosotros estudiemos juntos en la universidad y nos graduemos con el mismo certificado en psicología. Es curioso e interesante pensarlo. Pero sé que aquella sugerencia fomará parte de esos planes que son tan extraordinarios y tan perfectos que jamás serán realidad y sólo se convertiran en memorias no tan tangibles pero que en un futuro me harán feliz. Como cuando ellas y yo queríamos comprar una "combi" para viajar por todo México. Él es tan cercano a mí que mis memorias de ellas también se han convertido en sus memorias. Sonríe cuando las recuerdo en voz alta porque entiende qué bien se siente saber que fueron y son parte de mi vida.
 Mi mentor me ha enseñado a sonreír y me ha enseñado que los introvertidos podemos ser extrovertidos y me ha mostrado que lo convencional es aburrido y que crear cosas nuevas es mejor porque es como dar un poco de tí al mundo... al igual que cuando escribo. Sin decírmelo, mi mentor me impulsa a abrirme al mundo para dar más de mí porque me entiende, porque alguna vez él fue como yo. Alguna vez fue el que se quedaba callado, al que ignoraban, y el de las mil y una inseguridades, pero un día se volvió el mago que me ha traído circunstancias de las que he aprendido de la vida y de mi. Quizá él también aprendió de él mismo a mi edad o incluso después, quizá de alguna manera estoy siguiendo sus pasos, como si fuera mi guía... Un líder. Fuera de eso, mi mentor sabe que escribo, pero también respeta mi privacidad y jamás me ha pedido la pagina web de este blog. Y le agradezco por lo que ha hecho de mí, por haberse quedado otro año conmigo y por haber confíado en mí, por haberse vuelto mi amigo.


22 dic 2014

No. ¿No?

Se miró al espejo y los ojos brillosos le regresaron la mirada alegre que él le había enseñado a portar. Pero un pensamiento cruzó su mente y la sonrisa que acompañaba la mirada se desvaneció en el ambiente, dandole paso a un rostro preocupado.

 Se había dejado llevar por sentimientos humanos que siempre había querido evitar.

 Se había encariñado tanto, que no podía dejar de pensarle. No le iba a dejar de pensar nunca. Era su amigo. Era su protector y guía. Era mayor y al mismo tiempo siempre se portaba como un niño. Junto con la muerte tan cercana, le enseñó que la vida en silencio que los introvertidos practican no es tan divertida. No es tan divertida como la vida de los que gritan cuando se asustan, los que gruñen cuando se enojan, los que se raspan la garganta cuando quieren hablar, los que hablan cuando sienten que deben hacerlo, los que abrazan gente sin conocerlos, los que miran el cielo desde un edificio ajeno, los que muestran orgullo pleno por lo que hacen sin importar lo que sea, los que se paran sobre el escritorio y bailan al ritmo de una canción tonta, los que preguntan y preguntan ¿Por qué? hasta que son escuchados. Le enseñó que los extrovertidos son tan divertidos y tan humanos como los introvertidos. Aquél jóven guía le enseñó que ser de ambos bandos es prudente cuando te encuentras entre adultos en una junta ejecutiva. Pero aprendió que no todos los que portan una identificación de adulto son elegibles para conducir una camioneta para llevar menores a una excursión. Le enseñaron a hablar con extraños para pedir favores, y aprendió que la cortesía a veces estaba de más cuando se encontraba con amigos cercanos. Aprendió a sonreír y a callar, y aprendió que confiar mucho en alguien es peligroso y que no confiar en nadie también lo es.

 Pero ¿qué más estaba pasando? ¿Por qué se sentía tan mal a veces?

 Quizá era que con tanta felicidad siempre llega la miseria. Quizá realmente se había encariñado tanto con todo lo que hacía y con todos, que al final, cuando era hora de volver a casa, la vida no tenía sentido. Pero quizá no añoraba a todos. Quizá sólo quería pasar un buen rato, quizá quería otra cosa. ¿Por qué era tan difícil definir sus pensamientos?

11 nov 2014

Cuando Era Niña...

Los sábados en la mañana eran especiales porque empezaban nuestras caricaturas favoritas en la televisión. Mi hermana y yo, nos despertábamos más temprano que nadie en el vecindario porque era el horario televisivo para ver Power Puff Girls en Cartoon Network. Después, mamá se despertaba y nos hacía de desayunar alrededor de las 11 de la mañana. Después, ayudábamos a hacer la comida y terminábamos nuestra tarea durante el día.


Cuando tenía diez años, mis amigos y yo, solíamos jugar basquetbol en el mismo parque que yo visitaba de niña. Cuando tenía diez años, habían construido una buena cancha de basquetbol con excelentes canastas enormes que se alzaban hacia las nubes. Diego, Esteban, Axel, Miguel, Kenya y yo, jugábamos horas ahí. Inventábamos nuevas maneras de dar buenos tiros a las canastas a pesar de nuestra altura escasa.


Cuando era niña, visitaba a la abuela Ofelia. Ahí, jugaba con las que llaman “muñecas rusas”, pero mi abuela les decía “matrushkas”, porque ese es su nombre verdadero. Sacaba la primera de la más grande, la siguiente de la primera, la siguiente de la segunda y así, hasta sacar desde dentro del corazón de todas las muñecas, a la más pequeñita de todas. En la casa de la abuela Ofelia también había juguetes que jamás fueron míos, pero que siempre me habían sido prestados. Había una clase de muñeca de trapo que jamás tuvo nombre y un juguete de cuerda que planeaba a unos diez centímetros del suelo por unos segundos. Había una silla de madera en la que podía sentarme sin que colgaran mis pies. En la casa de la abuela, cuando llegaban mis primos, salíamos a jugar. A lado de la casa, había un jardín muy pequeño que cuidaba una vecina. De ahí, arrancábamos flores y nos hacíamos coronas las niñas mientras que los niños planeaban una buena broma para molestarnos. Pero nunca nos peleábamos. Sólo jugábamos a que el que encontrara la piedra más grande del lugar, ganaba. Discutíamos si el ladrillo que uno de ellos sacaba de una de las paredes que estaban tirando cerca de ahí, podía ser considerado la piedra ganadora. Al final, terminábamos jugando a las escondidas. El último en ser encontrado era siempre Juanito porque era el más pequeño y el más listo. Una vez se escondió en la azotea y se quedó ahí todo el día. Pero jamás se desesperó. Yo siempre le creí que las gotas que recorrían sus mejillas eran porque le había llovido un poco ahí arriba.


Cuando era niña, mis papás aún escuchaban música de una grabadora que reproducía casetes, o cintas. Solían reproducir melodías de grupos de rock clásico en versión instrumental. Canciones melódicas y bien estructuradas a comparación de lo que se escucha hoy día. A veces ponían las grabaciones de lo que decía cuando yo era más pequeña. A pesar de mi escasa edad, me gustaba regresar a mi no tan lejano pasado y acordarme de lo que sentía cuando tenía dos años.

Cuando era niña, veía el canal 5, donde pasaban a las ocho de la noche El Chavo del 8. Veía el canal once, donde pasaban Biz Birije a las cuatro de la tarde. Cuando era niña, mis papás nos compraban películas en VHS y las reproducían en una videocasetera. Cuando era niña, mi tío Juan decía que en un futuro no muy lejano, dejaríamos de poner los CDs en la grabadora y que nos encontraríamos escuchando música de chips pequeños. Técnicamente, no se equivocó. Cuando era niña, los nuevos robots me daban miedo. Yo no quería jugar Solitario en la computadora, quería columpiarme en los asientos rojos voladores. Quería ir a la feria y vivir ahí. Cuando era niña, no tenía perro porque mi hermana era asmática pero no me importaba. Cuando era niña, mis amigas y yo pensábamos que las mujeres se embarazaban cada vez que un hombre las besaba en la boca. Cuando era niña, mis rodillas siempre estaban manchadas de tierra, al igual que mis vestidos azules. Mi papá solía rebotar la pelota sobre el suelo, y mi hermana y yo mirábamos hacia el cielo para ver que tan lejos llegaba. Pero siempre quise ser grande de niña y me prometí que a los dieciocho...

6 nov 2014

¿Qué más?

Daniela quería algo más. Siempre algo más. 
Cuando entraba y cerraba la puerta en la habitación de su jóven amigo, sentía que una nueva aventura comenzaría. 

Se preguntaba qué más habría por descubrir. ¿Cuánto tiempo les tomaría encontrar algo de que hablar? Y si lo hacían, ¿por cuánto tiempo hablarían? ¿Sería divertido? ¿Sería algo melancólico? 
Ya habían cubierto muchos aspectos de la vida de cada uno... pero siempre había algo más. ¿Qué le traería su jóven guía esta vez?

¿Volarían por los aires esta vez?
¿Irían a descubrir nuevas especies de animales en lugares lejanos?
¿Aprenderían un nuevo idioma juntos?
¡¿Qué más?!

30 oct 2014

Short Story

It was a quaint morning in the month of September when Allan decided to go for a walk and take me with him. I loved when Allan came to visit, he would always treat me like a smart kid, and he would always listen to me. We would walk and talk about dreams and funny things to think at the park. Going for a walk was always only a prologue to long days of adventures with my older brother because the park led to a portentous forest, which contrastingly led to a breath-taking promontory. There, the sea would softly dance with the clouds in perfect synchrony at this time of the year, and Allan and I would crawl up the ponderous rocks to watch the whole spectacle in silence. However, this particular morning was different. Despite the portent of a high percent of rain, he got me a strawberry home-made ice-cream and he got some coffee for himself. Besides, this time, the promontory had to wait because something had caught my ears. Not my eye, my ears. Right after we got our ice-creams and left the shop, I heard the soft voice of an unknown instrument. It was calling me from far away. My attention went from the conversation of a pair of ladies, who loved to prate about the new mayor in town, to the swift sound that ran through my eardrums. I sprint towards the main square, ice-cream cone in hand, and Allan followed me, sipping his cup of coffee at times. I ably followed my heart to the nucleus of this new mystery, and there she was. A fair young woman was playing a prodigal cello in the center of the square. The humming of the bow with the strings had a potent effect in me. It made my smile, and feel sad, and feel angry, all at the same time. Allan finally made it there. “Don’t ever do that again, Scarlet! I almost dropped my coffee,” he said in a playful way, because he would never scold me for anything. He had always said he loved my boldness. Then he stayed quiet, for a new song had started. The cellist was so focused on the making of sound that she didn’t seem to care about her bleeding fingers. She was so fair, so delicate you’d ever imagine her being profane in any manner. I walked around her with the music still humming in the air. I examined her every movement, and that was when I found something interesting. She had hung a small sign on her back that read, “Excuse if I interrupt your daily activities, all I need is a little bit of money to pay for my music career. If you desire for me to stop playing you may say so, but I won’t stop fighting for music until I finish up school. Thank you for your attention. Enjoy.” Her dedication captivated me. Fighting for what you loved seemed a great precept to enjoy life by, and I asked Allan to help the young woman a little bit. When she finally opened her eyes, Allan and I applauded her. My brother put a fifty-dollar bill into her pocket with discretion, and I thanked her for being beautiful and for showing me that beauty could exist in your ears as much as it fits in your eyes.  That is all I remember. To this day I still don’t know what was of her, or if she ever wondered what was of me, but all I know is that I am leading a concert with my own cello, and I am playing for Allan and for her. 

22 ago 2014

Ernesto

Sé que sigues aquí.

Aunque me fui y luego tú te fuiste
sigues conmigo.

Estás en la sal del mar al que fui a visitar el verano pasado
estás en el sol ardiente que brilla a millones de años luz
estás en las nubes que bailan en el cielo y lloran de contentas
estás en las estrellas que nos vigilan desde arriba
estás en el paisaje llano de Texas y en el valle del Distrito Federal
estás en el suelo que piso y en el aire que respiro
tu aliento se queda conmigo cuando huelo estas rosas en mi mano
tus pies me acompañan cuando camino descalza por la casa
tu voz e influencia se compacta en mis audífonos mientras camino a la escuela
el sonido de tu corazón lo escucho en los tambores
y aunque digan que no es cierto,
el sonido de tu torrente sanguíneo lo representa esa guitarra poderosa
imagino tu pulso en el bajo de las canciones
y tu voz sigue ahí, melodiosa como el teclado eléctrico que me hace estremecer.

Regresas cada noche a visitarme
no te has ido
no te vas a ir nunca
porque aunque no ya no te vea nadie
tu esencia se quedó para siempre.

Me siento diferente

Ya no soy la misma.
Soy materia y soy un ser vivo.
Soy parte de la geografía del planeta
y también del poema del mundo.

Pero ya no soy lo mismo.
La química de mi cerebro trabaja diferente
y el lugar en el que vivo tampoco es igual.
El poema que yo era, tiene diferente titulo y contenido.

Y es raro.
Porque ni siquiera sé cuándo fue que empecé a cambiar.
Porque quizá nunca cambié y sólo me estoy dejando llevar.