2 abr 2017

Mamá

Esta no es una carta necesariamente.
Solo me he puesto a pensar mucho sobre un tema en especial durante cuatro largos años.
A veces el tema se va de mi cabeza por un tiempo y otras veces regresa con cierta intensidad.

El año en que Ernesto dejó de existir, el hermano de Amanda Palmer también dejó de existir, y se me hizo una clase de conexión cósmica.

Desde entonces me pregunto como estás...

Qué se siente querer marcarle a tu hermano y saber que no va a contestar. Qué se siente haberlo visto irse. Qué se siente tener que ser el pilar que sostiene la tristeza de toda tu familia; la de tus papás, la de tus hermanos, tus sobrinos, tus hijas, tu esposo... y la tuya. Qué se siente llorar por un mes completo. Qué se siente querer encontrar respuestas satisfacorias pero que nadie ni nada te las de. Qué se siente perder a tu mejor amigo. Qué se siente verte en el espejo y verlo a él. Qué se siente tener el mismo rostro. Qué se siente que te esté preguntando tantas cosas que te entristecen.

Mamá, quiero pedirte disculpas en nombre del universo, porque tu mejor amigo de la vida ha dejado de existir. Quiero pedirte disculpas en nombre de mi arrogancia porque un día decidí no hablarle por telefono, pensando que podría tener una segunda oportunidad de hacerlo; quizá otro día, quizá en otro momento, quizá cuando no me sintera tan cansada después de regresar de la escuela. Más bien, quiero pedirle disculpas a él. Más bien, quiero pedirme disculpas a mi.

Mamá, quiero pedirte que empieces a llorar de vez en cuando. Quiero que dejes de cargar a toda tu familia. Quiero pedirte que le dejes ese trabajo a los otros hermanos que jamás se ocuparon de ti. Quiero que empieces a dejarlas caer por tu mejilla.

 Quiero pedirte perdón una segunda vez por no haber ido contigo. Por no haber abandonado el sueño Americano por unas semanas para regresar a México y ser tu sub-pilar mientras sostenías las caídas fuerzas de la familia Carbajal-Landverde.

Mamá, quiero que vuelvas a dormir temprano. Quiero que te quites las sombras de las muertes de tu hermano y de tu hijo por un momento y me las dejes a mí. Quiero que me cubras con ellas. Quiero sentir tu tristeza un poquito para que tu no la sientas. Para que la máquina de tu corazón rota tome un descanso, como un muslo adolorido de una pierna que ha corrido por cuatro largos años sin dirección. Un muslo ejercitado necesita por lo menos doce horas de reposo. Tu músculo sangrante necesita reposar.

 Mamá, quiero que te cuides, porque temo que un día quiera llamarte por teléfono en vano. Me imagino a los 22 marcando, esperando escuchar tu voz, a todos lados pero jamás encontrándote. Mamá, tengo miedo de un día verme al espejo y verte en mí, pero sin de verdad tenerte aquí. Tengo miedo de perderte como lo perdiste. Tengo miedo de perder a mi propia hermana. Tengo miedo de perder gente.

No sé cómo terminar este escrito. Siento que si sigo, voy a hacerte llorar más y eso es justamente lo que intento evitar. 

 Escribo esto en una cafetria en un día nublado y muy lluvioso antes de ir a trabajar a las 2 de la tarde, reteniendo las lágrimas en mis ojos, porque a pesar de que mis días y los tuyos han mejorado desde ese verano de 2013 en el que lo viste partir, hoy el tema me volvió a la mente con cierta intensidad y simplemente tuve que escribirte.


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