26 nov 2016

Lecciones de Ahogamiento

Es lo que dije en voz baja dentro de un café en Richardson, Texas esta tarde después de ponderar y darme cuenta que los planes que tenía no han llegado a cumplirse.
Lo dije después de llegar a la conclusión de que la yo que conocía hace dos años ya no es la misma yo. Ya no tengo misión, no tengo metas, me estoy ahogando y los demás también.

Vivo en una situación singular la cual me acaba de dar una cachetada y por eso he despertado. Me doy cuenta que no soy una niña y que como adulta jóven necesito comenzar a moverme. Mis padres no pueden ayudarme. No es porque no quieran, sólo no pueden. Todo es difícil y hay días en los que voy a dormirme a las seis de la tarde con deseos de que se acabe la semana entera, porque cuando estoy despierta no puedo evitar en ponderar en la incertidumbre de mi vida futura.

Antes veía todo con esperanza. Antes tenía fé en muchas cosas. La verdad no sé de dónde me llegaba tanta fuerza, pero el futuro era menos incierto. Ahora me ahogo en ilusiones negativas que más bien son pesadillas. No sé de donde saco tanta mierda. No sé por qué soy tan pesimista. Mis propias desesperanzas me toman los tobillos y me arrastran por la arena hasta que me llevan a la orilla del agua y comienzo a ahogarme. Comienzo a sofocarme en el agua negra de mis pesadillas y no tengo fuerzas para luchar contra las manos viscosas que me arrastran al fondo del océano de mis penas. Me siento sin energía y nada parece valer la pena.

No puedo terminar este escrito con una nota positiva porque no me siento bien, y no me he sentido bien del todo por un año. Me he estado ahogando por un año, pero a estas alturas, ni agarrarme de las piedras parece ser suficiente para evitarlo. Una parte de mí quiere seguir, pero la otra, la más pesada se deja llevar y entonces me ahogo en la corriente.

No hay comentarios: