"Aline" significa "la brillante" en un idioma cuyo nombre he olvidado, pero eso es lo que significa. Estoy segura de eso porque en tareas escolares, me han asignado cientos de veces buscar en libros y en internet el significado de mi nombre. El por qué de esto yo jamás entendí.
No vivo con la creencia que el significado de tu nombre lleve grabado tu destino. No creo en eso. Pero es entonces cuando ésta introspectiva me hace querer preguntarme cuándo fue que dejé de creer en el destino. Recuerdo que solía aferrarme a esa esperanza, como un niño espantado hace con las ropas de su madre.
Me gusta pensar que deje de hacerlo no hace mucho... Quizá comenzó cuando decidí irme a vivir a otra ciudad en otro país con una diferente cultura y un idioma distinto. Tal vez fue cuando la gente que empezó a notar que tenía potencial me empezó a llenar la cabeza con sus propios sueños, como se le hace a una piñata. Porque antes no soñaba con ir a una escuela gigantesca durante mis primeros dos años de universidad y no soñaba con poder trabajar para poder pagar la escuela, porque sabía que estos sueños --viviendo en un lugar nuevo-- eran metas que no podría cumplir. Era realista. Pero entonces decidí convertirme en su mascota, y apliqué a más de diez universidades dentro y fuera del estado. Me aceptaron ocho, pero sólo quería ir a una. La escuela a la que me hice creer que quería ir, era tan cara que hubiese podido pagarla de haber ganado la lotería o haberme casado con un hombre rico... pero jamás había considerado el matrimonio como una solución a mis problemas. Tampoco creía tener la suerte suficiente para ganarme la lotería. Aún así les dejé llenarme la cabeza con estos sueños ajenos.
No vivo con la creencia que el significado de tu nombre lleve grabado tu destino. No creo en eso. Pero es entonces cuando ésta introspectiva me hace querer preguntarme cuándo fue que dejé de creer en el destino. Recuerdo que solía aferrarme a esa esperanza, como un niño espantado hace con las ropas de su madre.
Me gusta pensar que deje de hacerlo no hace mucho... Quizá comenzó cuando decidí irme a vivir a otra ciudad en otro país con una diferente cultura y un idioma distinto. Tal vez fue cuando la gente que empezó a notar que tenía potencial me empezó a llenar la cabeza con sus propios sueños, como se le hace a una piñata. Porque antes no soñaba con ir a una escuela gigantesca durante mis primeros dos años de universidad y no soñaba con poder trabajar para poder pagar la escuela, porque sabía que estos sueños --viviendo en un lugar nuevo-- eran metas que no podría cumplir. Era realista. Pero entonces decidí convertirme en su mascota, y apliqué a más de diez universidades dentro y fuera del estado. Me aceptaron ocho, pero sólo quería ir a una. La escuela a la que me hice creer que quería ir, era tan cara que hubiese podido pagarla de haber ganado la lotería o haberme casado con un hombre rico... pero jamás había considerado el matrimonio como una solución a mis problemas. Tampoco creía tener la suerte suficiente para ganarme la lotería. Aún así les dejé llenarme la cabeza con estos sueños ajenos.
Y así fue cómo se quedó. Me gradué de la preparatoria la primavera pasada mientras intentaba encontrar una manera de alcanzar esos sueños que todos se habían encargardo de encolarme en la mente. Pero entonces me di cuenta que me había roto la espalda por tres años para perseguir sueños inalcanzables que ni siquiera eran míos. Éxitos ilusorios que yo jamás había trazado en mi plan de vida. Les dejé manejar mi futuro y después de salir de la prepa, soltaron el volante y me lo dejaron a mí, en un auto que iba a toda velocidad en un tramo de carretera que jamás había visto antes en mi vida. Y ahí me quedé; una cansada y resecada adolescente.
Y he intentado olvidar el dolor y enojo que esto me causó porque cuando recuerdo aquello, lo único que puedo escuchar en mi cabeza son sus voces graves expresando lo decepcionados que ellos, todos ellos, están de mí porque "la brillante" no pudo lograrlo. Simplemente no pudo. Veo en sus rostros formándose líneas en la frente y me veo a mí, sentada en un círculo estrecho de pavimento en medio de la nada y me siento tan pequeña. Clarificando, sé que estas imágenes sólo están en mi mente. Me gusta torturarme a mí misma. Asumo que hago esto porque probablemente estoy decepcionada de mí misma. Me digo entonces que su opinión no importa, la que importa es la mía. A mí me importa.
Éste semestre hice lo mejor para volver a tomar el volante y salir de la carretera rápida en la que me han forzado conducir. Pienso que lo hice de manera exitosa, ya que terminé yendo a la escuela que representaba mi perspectiva realista de mi vida, a la que añoraba ir cuando aún era invisible para ellos. Mis planes jamás habían sido tan ambiciosos y yo estaba bien con eso. Pero no era porque no creía en mí misma. Era porque pensaba de manera realista, y sabía que mi situación no podría llevarme tan lejos. Claro, lo intenté, pero de haber tenido los pies sobre la tierra durante los meses pasados, no estaría pasando por tantas crisis emocionales hoy.
Pero en realidad no puedo culparlos. Yo dejé que sus sueños se volvieran los míos... pero ahora sé que jamás debo dejar que eso suceda otra vez, el dejar que otros tomen mi vida y quieran formarla de la manera que ellos piensan es "correcta".
A veces sólo quiero abandonarlo todo. Vivir aquí no es cómo lo imaginé hace tres años. Digo, hay tantas oportunidades disponibles, claro. Pero para la mayoría no soy elegible. Me siento como un niño asomado a la ventana hacia el interior de una tienda de dulces y viendo los dulces sin siquiera poder tener un pedazo de uno de estos. La niña en mí a veces llora conmigo en las noches.
Jamás quise que mis pensamientos personales y oscuros llegaran al internet, pero sólo necesito desahogar esto. Necesito escribir sobre las cosas feas que mi mente me prepara, para que en el futuro pueda mirar a mi pasado y darme cuenta que soy lo suficientemente fuerte. Necesito empezar de nuevo y comenzar a moverme otra vez.
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